¿Todo vale en el amor?

¿Qué es el amor? Definir este concepto no es para nada tarea fácil. Según la Real Academia Española, es “un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, así como la “tendencia a la unión sexual”, entre otras. Algo que tenemos claro es que el amor evoluciona como parte de la cultura en la que se enmarca, por lo que también es un producto social y cultural. En nuestra cultura occidental, el amor es, principalmente, el que nos legaron los románticos.

Quién no ha escuchado alguna vez “el amor todo lo puede”, “es mi media naranja”; “si no es celoso o celosa no me quiere”, “quien bien nos quiere nos hará sufrir” o que “quienes se pelean se desean”. Hemos socializado en un modelo romántico del sufrimiento, hasta el punto de verlo como el prototipo y el ideal de amor, donde los mitos románticos se presentan como verdaderas pruebas de amor. Un ideal cada vez más cuestionado, pero que aún conserva vigencia.

Este proceso de socialización no se lleva a cabo de manera similar entre hombres y mujeres, creando una desigualdad de roles. De esta forma, fomenta el establecimiento de la identidad femenina en torno a una serie de roles femeninos ‒ser madre, esposa, cuidadora‒ y actitudes sumisas ‒dependencia o pasividad‒, y las coloca en una situación de inferioridad y vulnerabilidad. Por el contrario, el comportamiento masculino se relaciona con el poder, la razón, la independencia o la autoridad.

Este concepto de “amor” se puede clasificar como un modelo de sexismo benevolente, actitudes estereotipadas hacia la mujer expresadas en un tono positivo. Esto lleva la intención de hacerles sentir que necesitan de la protección del hombre y promueven el estatus subordinado de la mujer, en el cual el hombre les brinda protección, idealización, recompensa emocional…

Y es que este amor no lo encontramos únicamente en la época del romanticismo, donde la galantería del hombre seductor conseguía conquistar a la dama mediante su amor pasional. Actualmente, el amor romántico está campando a sus anchas, lo vemos en libros, series, películas, canciones, programas televisivos y canales de Internet y Youtube. En numerosas ocasiones se muestran modelos amorosos que suponen un obstáculo a la hora de construir relaciones de una manera sana, ya que reproducen el ideal de amor romántico, recubierto de fantasía para adaptarlo a la época actual. Por lo tanto, el público sigue interiorizando y socializándose en este ideal de amor.

El problema viene cuando estos mitos justifican e incluso promueven, en ciertos contextos, la violencia de género. Y es que esta aceptación de la violencia en la relación de pareja se debe en parte a su concepción sobre el amor. Este concepto de amor romántico supone la entrega total del uno al otro, por lo que la relación de dependencia entre una pareja, así como el perdón y la justificación del comportamiento amoroso, sea el que sea, se convierten en parte fundamental. Además, puede propiciar en cierta medida que una relación perdure pese a que haya violencia de género. Se justifica inicialmente con estrategias de control, especialmente del móvil, amistades y aficiones, pero lejos de ser analizadas como lo que son, se esconden bajo la premisa de “amor”, sin despertar sospechas. Éste es el peligro real, la violencia de género se camufla en sus primeras manifestaciones, por lo que no es fácil de detectar.

En conclusión, el amor romántico, aunque no muestra violencia explícita hacia la mujer, transmite hacia ella unos roles femeninos de entrega, dependencia y sumisión, y como consecuencia, una serie de implicaciones que hacen vulnerables a las mujeres a la violencia de género. Por tanto, es de gran importancia ser conscientes de este tipo de patrón de relaciones y deconstruir los mitos románticos con el fin de cambiar los modelos de relación de futuras generaciones, ya que la reproducción de los estereotipos y roles de género tiene un gran impacto en la construcción de la identidad de las personas.

Como alternativa al amor romántico, proponemos un amor libre, maduro y compañero, permaneciendo en un vínculo desde la elección y desde la posición de igualdad.  Para alcanzar ese tipo de vínculo, hay que entender al otro como ser humano, alejarlo de la idealización.  Un compromiso en el cual se compartan aquellos aspectos que se acuerden compartir, sabiendo que también se tiene derecho a no querer tener pareja o tenerla en formas diversas. También hay que saber que el otro puede fallar, que podemos cambiar y que la relación que mantenemos no tiene por qué ser para toda la vida. Porque deconstruir el amor romántico no implica destruir el amor y los vínculos, sino saber que, ante todo, está la igualdad y el respeto mutuo. Y es que, en el fondo, todos queremos ser amados.

Autora: Celeste Martínez Gavidia (Psicóloga)

Referencias

Garaigordobil Landazabal, M., & Aliri Lazcano, J. (2011). Sexismo hostil y benevolente: relaciones con el autoconcepto, el racismo y la sensibilidad intercultural.

García, C. C., & Gimeno, M. C. M. (2017). Creencias del amor romántico y violencia de género. International Journal of Developmental and Educational Psychology2(1), 47-56.

Merino Verdugo, M. E. (2016). Sexismo, amor romántico y violencia de género en la adolescencia.

Rodríguez, E. R., & Iñesta, A. I. C. (2020). Amor romántico y violencia de género. Trabajo social hoy, (89), 65-81.

Y si hablamos de masturbación

Es martes y María llega a casa a las 18h. Deja la compra encima del banco de la cocina, se quita el abrigo y lo deja sobre la silla. Entonces se da cuenta de que tiene ganas de ir al al baño. Al entrar a casa va muy despistada y no se percata de que la habitación de Carlos ‒su hijo de 15 años‒ está abierta y con la luz encendida. Es un suceso poco corriente, ya que Carlos es un gran jugador de los videojuegos y se pasa horas encerrado en el cuarto, al grado de que puede que no notes ni su presencia. Al acercarse al baño, María nota que la puerta está cerrada y, sin pensar, abre de golpe y encuentra a Carlos sentado en la taza del váter, con el móvil en la mano izquierda y el pene erecto en la derecha. María se queda mirándolo con cara de susto, mientras Carlos le gritaba que se largase del cuarto de baño.

María está preocupada, ya que piensa que masturbarse es algo malo en vez de apreciar que su hijo, como adolescente, empieza a descubrir su cuerpo y su sexualidad.

La masturbación es el acto de darse placer a uno mismo. Sin embargo, el concepto de placer es el que puede darnos problemas. El placer no es nada más y nada menos que la sensación de satisfacción y gozo por hacer algo que nos gusta. Es tan simple como asumir que tenemos experiencias placenteras siempre que nos guste lo que estamos haciendo. Así, la masturbación implica satisfacción, disfrute y deseo hacia uno mismo. Por lo tanto, no solo el masturbarse nos dará placer a nivel genital, pero también es una forma de explorar el cuerpo entero y las sensaciones que éste puede darnos.

De hecho, uno de los grandes inconvenientes de cómo se concibe aún la masturbación, sobre todo en el caso de los chicos, es el tiempo que utilizan para darse placer. Lo común es querer tener una excitación rápida, para así tener un orgasmo veloz y evitar que nos “pillen con las manos en la masa”. La adolescencia es el periodo donde, si no aportamos intimidad a los adolescentes, creamos hábitos que fomentan la rapidez. Creamos un tabú en torno a la masturbación, ya que se entiende que debe hacerse siempre a escondidas y sin que nadie lo sepa. Muchas veces la negación de la masturbación ‒o la creencia negativista de las religiones‒ es un buen ejemplo de aspectos que van a influir en esa futura sexualidad. Con velocidad se convierte en el caldo de cultivo de la eyaculación precoz.

Según Sanz, F. & Sau, V. (1997), en el caso de las mujeres, durante su proceso evolutivo socialmente se les reprime el encuentro con sus genitales. Si se refuerza ese “no-contacto” con valoraciones positivas de su rol de mujer: la feminidad entendida como “no-deseo sexual y el desarrollo de otras áreas más espirituales de la personalidad”. No obstante, a medida que se desarrolla un mapa erótico se producen interconexiones corporales que permiten sentir los genitales a través de la estimulación de cualquier parte del cuerpo, y sobre todo cuando existe deseo erótico. El desconocimiento vaginal está en el mundo de las niñas y cuesta trabajo encontrar una terminología para denominarla en palabras populares. Además, las mujeres han relacionado inconscientemente la genitalidad con la relación de poder del varón. Se han recibido mensajes de otras mujeres e incluso de hombres ‒personas que parecían entender sobre la materia‒, tales como: “que no se aprovechen de ti”, “todos los hombres quieren lo mismo”, “cuando sacan lo que quieren te dejan”, “los hombres buscan a chicas alegres para divertirse y a serias para mantener una relación estable”, “¡Hazte valer!” … Es decir, estos mensajes les transmiten a las niñas que, si se permiten a sí mismas tener relaciones sexuales o masturbarse, las tacharan de mujeres fáciles, las van a despreciar e incluso las van a abandonar afectivamente. Así, el mensaje de si se tiene la “vagina abierta” o “cerrada” adquiere también simbolismo de poder como contrapartida al poder del varón.

A diferencia de los hombres, que precisan de un tiempo de recuperación para poder volver a tener una erección fuerte, las mujeres somos multiorgásmicas. Es decir, que con práctica y autoconocimiento del propio cuerpo, podemos llegar a darnos tanto placer sexual como queramos. Cuanto más te explores, cuanto más experimentada seas, cuanto más te conozcas, cuanto más placer sepas darte a ti misma, conseguirás tener una satisfacción mucho mayor en las relaciones sexuales… Tendrás unos niveles de estrés menores, ayuda con los dolores menstruales,  así como a mantener una buena salud.

De hecho, en las mujeres se recomienda tener cuantos más orgasmos al día mejor, pues las mujeres a diferencia de los hombres, funcionamos de diferente forma. A más vida sexual tengamos las mujeres, mayores deseos aparecerán también, luego entonces es beneficioso para el deseo sexual.

Para aquellas mujeres que quieran empezar a disfrutar de la sexualidad en su vida, dejamos a continuación un ejercicio muy útil que nos sirve como inicio del autoconocimiento sexual:

  • En primer lugar, desnúdate, coge un espejo y colócalo entre tus piernas. Puedes colocarlo en el suelo y colocarte encima de él de cuclillas o acomodarte en una silla o cama para verlo más de cerca y aprender cuáles y cómo son tus genitales.

Dejamos por aquí una imagen que ayuda a encontrar cada parte de tus genitales. Recuerda, cada persona tiene sus genitales, los cuales son únicos y diferentes al del resto, pero todos tenemos los mismos órganos sexuales.

Y tú, ¿te masturbas? ¿Te das tiempo para darte placer? ¿Conoces tus deseos y necesidades sexuales? ¿Te permites darte tiempo para conocerte?

Autora: Lucía Muñoz Soler (Psicóloga y sexóloga)

Referencias:

Sanz, F., & Sau, V. (1997). Psicoerotismo femenino y masculino: Para unas relaciones placenteras, autónomas y justas. Kairós.

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El secreto está en la elección de pareja

Si hay una cosa que he aprendido y tengo clara como terapeuta de parejas es que el secreto está en la elección de quien va a ser tu pareja. En ocasiones, me entristece ver que muchas personas están más preocupadas por conseguir pareja, que por asegurarse de que la elección sea sensata y adecuada. Primero se percatan de que desean tener una pareja y luego intentan conseguir que alguien ocupe ese lugar, dando más importancia al hecho de tener pareja que a quién será ésta.

Vivimos en una cultura que idealiza el hecho de tener pareja y se crea la idea de que sin pareja no se puede ser feliz, alcanzar la plenitud y envejecer plácidamente. Esto crea una serie de presiones que hacen que el autoengaño ‒tan propio y común del ser humano‒ se centre en mantener nuestra relación de pareja.

La terapia de pareja puede ser sumamente útil y eficaz para conseguir una relación sana y equilibrada. También es cierto que a veces es muy sorprendente ver que determinadas personas terminan juntas y, debido a que, ya de entrada, la elección de pareja no ha sido adecuada, sufren desavenencias continuas.

Es así que el tema de la elección de pareja es fundamental en las posibilidades de éxito que se va a tener. Me gustaría ofrecer una parte importante de mi experiencia en este aspecto y compartir algunas ideas que pueden resultar de interés general.

¿Cómo ha de ser nuestra pareja? Creo que una de las primeras cuestiones tiene que ver con la compatibilidad y el estilo de la relación. Si desde el principio notas que tienes muy pocas cosas en común con la otra persona, o que el estilo pretendido para la relación es muy distinto, está claro que empiezas con mal pie.

En mi experiencia, es crucial para el devenir de la pareja que los miembros en la relación tengan principios y valores en común. Por dar un ejemplo, una persona que da mucha importancia a la verdad y a la honestidad lo pasará mal con otra persona que tienda mucho al engaño y la mentira. En el fondo, estos dos son lo mismo. La información nos da la oportunidad de decidir y alguien que la oculta, aunque sea parcialmente, intenta manipular.

Es así que, a partir de estos valores, ha de realizarse la elección. Una persona que se preocupe por este artículo es probable que sea alguien que se interesa por hacer las cosas bien. Es así que, si somos personas preocupadas por conocernos mejor, crecer y desarrollarnos, es probable que necesitemos como pareja a alguien que esté dispuesta a seguir creciendo. ¡Cuántas veces me he encontrado con este problema! Generalmente, son parejas que iniciaron su relación siendo muy jóvenes. Con el tiempo se ve que, o van creciendo en direcciones distintas, o mientras un miembro crece, el otro no lo hace. Terminan completamente desfasados y en puntos distintos.

Otros aspectos que me parecen de gran importancia son la empatía y la comunicación. Podemos plantear que la comunicación es el vehículo para conocer mejor a la otra persona y para profundizar en la relación. Al mismo tiempo es una forma de autoconocimiento y de acercamiento. Puesto que la empatía es la habilidad de ponernos en la piel de la otra persona, a través de la comunicación podemos aprender a generar más empatía. La empatía garantizaría que habrá apoyo.

Además, para comunicar hay que saber escuchar y explicar la experiencia de ser uno mismo. Primero, debemos ser capaces de comunicarnos con nuestra propia persona y así conocer mejor nuestros procesos interiores. Cabe mencionar que la comunicación es uno de los aspectos que más difíciles pueden parecer a los miembros de una pareja en general.

Obviamente, según el grado de compatibilidad, debemos prestar atención a cómo nuestra posible pareja va a responder a situaciones límite, en caso de que se llegará a éstas. ¿Cómo responde a los problemas en general? ¿Es una persona resolutiva, responsable, consecuente? ¿O te deja toda la carga y la responsabilidad para resolver el problema?

Es muy difícil encontrar a una persona que nos satisfaga en cada ámbito y en todas nuestras necesidades. Afortunadamente, el mundo es muy grande y es probable que a nuestro alrededor podamos formar amistades que nos ayuden a cubrir ciertas necesidades, propias de determinados ámbitos. Esto nos lleva al tema del estilo y hay quienes desean un estilo de apego y dependencia muy estrecha. También hay quienes son totalmente desapegados y hasta parece que van por libre. Tanto en este aspecto, como en cualquier otro, ha de ser posible crear un equilibrio entre el estilo o los deseos de un miembro y los del otro.

El tema del equilibrio es algo que generalmente se tiene que trabajar en algunos aspectos, pero la práctica va facilitándolo. Creo que lo sano para una persona adulta es haber llegado a un punto de independencia y autonomía. Una persona muy independiente se va a sentir asfixiada en una relación con alguien que tiene un estilo o necesidades de fuerte dependencia. Cualquier persona sana y con sentido común se dará cuenta de que hay momentos para compartir y otros que son y han de ser parcelas privadas.

De hecho, no está por demás decir que una de las claves para mantener viva la chispa de la relación está en el misterio. Si lo sabemos todo sobre nuestra pareja es probable que perdamos interés en ella ‒que es un tema que he abordado en otros artículos‒.

Para terminar, simplemente quiero mencionar que es bastante positivo que ambos miembros en la relación sean capaces de compartir y de vivir sus propias experiencias. Y tener sueños, ilusiones y cosas que nos apasionan, ya que esto nos ayuda mantener viva la relación también.

Casi he terminado y no he mencionado el aspecto sexual. La comunicación expresando lo que nos gusta o no es necesaria para contar con una vida sexual satisfactoria. Asimismo, debe ser similar la importancia que se dé a ello por parte de los miembros de la pareja. De no ser así, se empieza a abrir la puerta a las infidelidades. Igualmente, tiene que haber un consenso con respecto al hecho de que se desee una relación monógama o no.

Para profundizar en cualquier relación el paso del tiempo. Considero que la paciencia es una cualidad necesaria y que hay que desarrollar ‒si no se tiene en suficiente medida‒ para que una relación tenga posibilidades de mantenerse en el tiempo.

Dicen que encontrar a tu media naranja tiene una probabilidad similar a sacarte el premio gordo de la lotería, literalmente. No es imposible, pero la probabilidad es muy baja. En mi opinión, dicha probabilidad aumenta dependiendo de los aspectos antes explicados y es por ello que con frecuencia la terapia de parejas puede resultar muy útil.

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

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Tabúes y comunicación en la pareja

Si preguntaran a cada persona acerca del tipo de educación sexual que hemos recibido, la mayoría de nosotros coincidiríamos en lo escasa y deficiente que ésta ha sido, independientemente de nuestra identidad sexual. Algunas personas incluso afirmarían no haber recibido ningún tipo de educación, pero el simple hecho de que un silencio responda a una pregunta que hagamos sobre el ámbito sexual, conforma una educación sexual negativa. Esto hace que aprendamos a asociar el sexo ‒y todo lo que tiene que ver con ello‒ con miedos, mitos y tabúes.

Los miedos debido a que si, por suerte hemos recibido alguna charla educativa, se habrá basado principalmente en prevenir ETS y evitar embarazados no deseados. Los mitos porque nos retroalimentamos con nuestros iguales respondiendo a cuestiones sexuales desde la exageración y la incredulidad ‒“puedes quedarte embarazada si tu pareja termina en tu boca”‒.  Y los tabúes porque la visión tradicional del sexo en muchos hogares no permite ciertas prácticas al considerarlas “sucias” o propias de personas “no respetables”.

Esta desinformación no solo se circunscribe al ámbito sexual con parejas, sino también a la forma de relacionarnos con nuestros genitales y cuerpo sexuado. Lo que provoca esto ‒entre otras consecuencias‒ es que con el tiempo se pueda sufrir algún tipo de disfunción sexual, como dolor en la penetración, dificultades con la excitación y el orgasmo, o problemas de inseguridad y autoestima ‒traducido en un pobre autocuidado íntimo y físico‒.

Es posible que a un gran número de parejas les cueste esfuerzo expresar y abordar un tema tan difícil como es la insatisfacción sexual. Muchos expertos coinciden en que la incorporación de nuevos escenarios, juegos eróticos o posturas puede resultar vergonzoso o inoportuno, especialmente para aquellas parejas con un patrón sexual muy rígido. Sin embargo, si la vivencia es de una necesidad sexual frustrada, es importante que nos expresemos respetuosa y asertivamente con nuestra pareja. En ningún caso ayuda expresarlo como forma de crítica o reproche. Así será más fácil que logremos abrir el camino para una correcta complementación.

Si somos capaces de olvidar todas esas prohibiciones que, de forma inconsciente y tradicional, nos han inculcado desde la infancia, conseguiremos vivir una sexualidad más despreocupada, tranquila y ‒sobre todo‒ satisfactoria. Todas las opciones ‒salvo que generen daños a terceras personas‒ son válidas siempre y cuando los miembros que conformen una relación estén de acuerdo. Los estilos de sexualidad no son ni mejores ni peores, ni buenos ni malos. Por lo tanto, el querer imponer a nuestra pareja una práctica que no desea hacer por los prejuicios que tenga, no es la mejor manera de llegar a un acuerdo. Escucha y comprende el por qué de esta negación para que, a través de un clima empático y confortante, se pueda hacer frente ‒tanto a nivel individual como de pareja‒ a todos los miedos que frenan vuestra sexualidad.

Un último aspecto a destacar es que NO debemos confundir la esfera íntima con los “temas tabú” Es decir, cuestiones como las de indagar sobre el número de parejas sexuales que nuestra pareja ha tenido, o querer conocer las prácticas que realizaba con otras personas o contextos, así como desear saber detalles y otros aspectos sobre la sexualidad de nuestra pareja no es un tema obligatorio. No debemos sentir una obligación a contar nuestro pasado sexual con todo lujo de detalles. La comunicación es importante, pero no cuando invadimos la privacidad de nuestra pareja y otra persona.

Andrea Bello (Psicóloga y sexóloga)

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Madres de alquiler vs vientres subrogados

Recientemente salió a la luz la disputa entre el cantante Miguel Bosé y su expareja, el escultor Nacho Palau debido a una inusual situación a la hora de crear a su familia. Tienen grandes discrepancias sobre la filiación de sus cuatro hijos. El quid de la cuestión es que estos cuatro críos fueron concebidos mediante gestación subrogada en Estados Unidos de América, ya que España no lo permite. Presuntamente, dos de los pequeños llevan el ADN de Bosé y los otros dos el de Palau. El cantante insiste en que los 4 menores no sean considerados hermanos legalmente, mientras que Palau pide que sus cuatro hijos se eduquen en igualdad de condiciones, dado que ambos progenitores llegaron al acuerdo de crear una familia de estas características, por delante de los tiempos legales que les ha tocado vivir. Con respecto a nuevos modelos de familias, éste es sólo de uno de los cuantiosos ejemplos que podemos encontrar.

En muchos países ‒aún en la actualidad‒ las parejas homoparentales topan con una infinidad de dificultades para ser reconocidas legalmente como una familia. Por ende, para iniciar un proceso de adopción, en ocasiones se ven en la tesitura de tener que ocultar su orientación sexual y si la explicitan y se la conceden lo hacen solamente a uno de ambos cónyuges. En este punto se plantean la opción contratar una madre o vientre de alquiler.

El debate de la gestación subrogada se encuentra en un bucle que sigue generando una enorme controversia en nuestra sociedad, especialmente dentro del feminismo. Tanto es así que ‒a mi juicio‒ corremos el peligro de caer en una posición negacionista y algo absolutista en relación a la libertad de elección de la mujer respecto a qué hacer con su cuerpo.

Evidentemente los embarazos subrogados no deberían ‒en ningún caso‒ legislarse en casos de abuso, explotación o trata, pero tampoco podemos dar la espalda a las mujeres que libremente y de forma altruista puedan estar de acuerdo en gestar para otras personas sin ánimo de lucro. Recordemos que el consentimiento lo es todo. Esto ya ocurre y está legislado así en el Reino Unido. Tal vez, lo que para muchas personas resulta impensable para otras no lo es. Ay, ¡cuántas cosas parecían anti–naturales hace pocos años! ¿Realmente tenemos toda la información o solamente conocemos una pequeña parte? Abro debate.

Bien es cierto que en algunos países en desarrollo existen las llamadas “granjas de mujeres” donde las mafias trafican con los vientres de mujeres que, claramente, se encuentran en una situación precaria. Éstas son inseminadas con los embriones de familias adineradas para posteriormente entregar el bebé a “sus padres” cuando nazca. Por supuesto, estos casos tienen que ser denunciados, pero considero un error generalizarla a todas las demás. ¿Qué hay del deseo de las parejas de hombres gays de ser padres? Recordemos que, en España, aunque la adopción se permite, no hay niños para ser adoptados y muchos otros países no ofrecen esta opción a hombres solos ni a parejas de hombres gays. Por lo tanto, no puede ésta considerarse una opción realista por mucho que haya grupos de gente que insista en esta opción, como si se tratara de una posibilidad real. Evidentemente, para un hombre gay ser es un deseo y no una necesidad, pero si alguna mujer estuviera dispuesta a ser madre altruistamente, ¿les negaríamos este deseo? No todas las parejas tienen el poder adquisitivo que tiene Bosé… Cabe mencionar que el sistema sanitario español hasta hace no mucho tiempo permitía y subvencionaba la reproducción asistida en casos de mujeres solteras ‒lesbianas o no‒ o a parejas de lesbianas que deseaban formar una familia. Algo que para los hombres obviamente no es una opción porque dependen de un vientre para conseguirlo.

Tengo que admitir que como mujer ‒y como feminista‒ me ha generado sentimientos contradictorios ‒y en parte todavía ocurre‒. Aun así, considero y sugiero que lo más sensato es que abramos nuestra perspectiva y conozcamos los distintos puntos de vista por parte de diversas mujeres que hayan vivido o estarían dispuestas a vivir esta experiencia.

¿Estarías a favor de abrir un debate entre la gestación subrogada versus los vientres de alquiler? ¿Consideras que ambos términos son sinónimos? ¿Cuál es tu postura en el caso de que la mujer decidiera libremente ‒sin estar coaccionada por un negocio sin escrúpulos que la sometiera y se aprovechara de una posible situación extrema, como la pobreza‒ ser madre subrogada de una forma totalmente altruista? ¿Has conocido a alguna mujer que haya sido madre subrogada de forma altruista o se lo haya planteado? ¿En tu caso personal lo has hecho? ¿Lo harías? ¿Qué solución realista tienen los hombres gays para formar una familia?

Autora: Vanesa Romero Ballester (Psicóloga y Sexóloga)

Fuentes: https://www.lavanguardia.com/gente/20201019/484166854303/juicio-bose-palau-filiacion-hijos-gemelos.html

https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vientres-alquiler-gestacion-subrogada_129_3298066.htmlhttps://www.redalyc.org/jatsRepo/2738/273860963020/html/index.html

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La primera masturbadora de América

Hoy queremos hacer un homenaje a Betty Dodson, una enorme referente de los siglos XX y XXI, que nos ha dejado este 3 de noviembre. La sexología tiene una gran deuda con ella y son innumerables las mujeres que encontraron la forma para llegar al orgasmo merced a las técnicas y la actitud hacia la sexualidad de esta extraordinaria mujer. Betty Dodson falleció a los 91 años. Una parte importante de su trabajo fue ayudar a quitar la culpa a las mujeres por sentir placer a través de su sexualidad.

Betty Dodson, durante una época, fue conocida como “la primera masturbadora de América”. Se trata de una activista del feminismo y, más concretamente, una defensora de la liberación sexual de la mujer.

Sabemos que ya en 1973 comenzó a organizar talleres con el objetivo de que la mujer aprendiera a valorar la belleza de sus genitales. En éstos enseñaba a explorar la variada experiencia del orgasmo, al ejercitar su destreza masturbadora.

“Sexo para uno” es la versión castellana de su obra clásica, “Liberating masturbation”, que la catapultó a la notoriedad estadounidense. También publicó “Self love” −Amor propio− en los 80 y se convirtió en un clásico feminista. En 1992, Dodson obtuvo un doctorado en sexología y, como resultado de su trabajo, ha publicado varios libros en torno a la masturbación. La sexóloga en muchas ocasiones ha sido insultada, vituperada y el objeto de diversos improperios.

En su best seller, “Sexo para uno”, el mensaje de la autora es inequívoco: “La responsabilidad por la satisfacción sexual están en las manos de cada persona”. Esto le ha valido la etiqueta de “primera masturbadora pública de América”. Es una incansable defensora de las prácticas masturbatorias y lleva décadas reivindicando su importancia. Considera que existen muchísimas personas que están muy “verdes” con respecto a la masturbación. Principalmente porque, según ella, en nuestra cultura la masturbación no tiene un valor social o personal. Y nos pregunta “incluso hoy día, ¿a cuántas personas les produce vergüenza hablar abiertamente sobre sus propias prácticas masturbatorias?”.

Afincada en Nueva York, en su afán por promover la masturbación como una práctica sana y saludable, tal y como cuenta en sus libros, ha organizado innumerables talleres de masturbación. Inicialmente, los talleres sólo estaban dirigidos únicamente a mujeres, pero la popularidad que cobraron la llevaron a realizar talleres mixtos. Quizás lo que más resalta del trabajo de esta sexóloga, es la habilidad para enseñar a sus alumnos a sentirse a gusto consigo mismos y con su sexualidad. Algunas anécdotas relatadas en su libro desprenden un gran sentido del humor, mucha perseverancia y creatividad. Sin duda, la doctora Dodson es una mujer bastante excéntrica.

Una de sus propuestas que más la caracterizan es, “Organizar un movimiento sexual positivo con millones de activistas que se unan conmigo en barricadas contra la ignorancia sexual. Si eres un amigo o amiga del sexo a quien le gustaría expresarlo, empieza hoy mismo disfrutando de sesiones de amor propio sin ningún tipo de culpa ni necesidad de pedir perdón por ello. Hazlo público contando a algunas de tus amistades cuáles son tus técnicas para masturbarte y describe tus mejores orgasmos. Finalmente, compartir la masturbación con otra persona te convierte en activista del renacimiento erótico del siglo XXI”.

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A dos metros del cariño

Llevamos casi todo el año 2020 con una pandemia y esto ha ocasionado una serie de problemas. Me refiero a problemas de todo tipo, desde los más nimios y burdos, hasta serios problemas de salud e incluso la muerte. Ésta suele ser justo la mayor preocupación de la inmensa mayoría de gente. El principal riesgo al que nos enfrentamos es el de morir. Es esta idea precisamente la que ha disparado la ansiedad en general y un sinfín de conflictos. Casi nadie quiere morir.

Digo que casi nadie quiere morir, pero parece que tampoco se está dispuesto a prescindir de una enorme lista de cosas. Se quiere mantener la salud, al tiempo que se desea potenciar la economía y que los menores se beneficien de su derecho a la educación, y para ello se les exige que acudan a los colegios de forma presencial. La lógica es que, de lo contrario, los padres y madres no podrían ir a trabajar. Nuestra sociedad aún no está lista para el teletrabajo y el “telefuncionamiento”.

Hablo por encima de cuestiones fundamentales sólo para llegar al tema en el que deseo centrarme y que es el de las necesidades afectivas ‒por no mencionar las sexuales, que ya traté en otro artículo‒. Al intentar convivir con la pandemia ‒es decir, al tratar de continuar con la vida manteniendo unas medidas profilácticas sumamente básicas, que se reducen a lavarnos las manos y llevar la mascarilla bien colocada‒, vivimos continuamente expuestos al virus. La educación que la población recibimos para protegernos, a juzgar por los datos en el actual estado de alarma por la Covid-19, demuestran ser insuficientes. El reto al que nos enfrentamos implica un salto cualitativo de conciencia.

Nos piden que no nos toquemos y que mantengamos una distancia de seguridad de metro y medio o dos metros. Contradictoriamente, la gente tiene que viajar apiñada en el metro en las horas punta y, al trabajar, se tienen que saltar bastantes medidas de seguridad, por dar algunos ejemplos, pero hay muchos más.

En cuanto a la responsabilidad individual, en mi opinión, son muy pocas las personas que están realmente preparadas para privarse de una serie de prácticas que en estos momentos no están permitidas ni son recomendables. La pandemia ‒nos guste o no‒ condiciona enormemente nuestra existencia, si de verdad queremos evitar la muerte.

No obstante, dicen que el humano es un animal de costumbres. Si nos centramos en todas esas situaciones ‒que nos muestran los telediarios o que podemos presenciar‒ en las que algunas personas, casi siempre jóvenes ‒pero no únicamente‒ han realizado imprudencias podemos darnos cuenta de lo difícil que puede ser contenerse. Se han arriesgado y han puesto en riesgo la vida de otras personas. Hay historias bastante dramáticas que se han producido por dichas imprudencias, cuyo desenlace ha sido el de la muerte de algunos de sus seres queridos. Al mismo tiempo, está claro que no han podido evitarlo.

En fin, ésta es mi introducción para explicar que en este escenario muchas personas necesitan ‒ya sea objetiva o subjetivamente‒ cercanía, contacto físico y afectivo. Si se está en pareja y en el mismo lugar esto no tiene por qué ser un problema. Sin embargo, para las personas que no viven dicha situación, la falta de contacto hace que sus necesidades afectivas pueden llegar a ser muy intensas. Que se esté en pareja no implica que se esté libre de carencias afectivas, el cual es un tema en sí mismo.

En las culturas hispanas y latinas, así como en las regiones del Sur, el contacto físico es sumamente habitual. Se trata de culturas gregarias y el ser humano se habitúa a reunirse, tocarse, abrazarse y expresar su afecto de diversas maneras, incluyendo la expresión física. Es así que, al humano le resulta sumamente difícil prescindir de oportunidades para dar cariño y recibirlo, más allá de la necesidad de reunión y cercanía.

Lamentablemente, las prioridades en estos momentos no parecen ser ni psicológicas ni emocionales. A veces, tengo la fuerte impresión de que lo que marca la agenda es el poder económico y me imagino que al poder económico se la “refinfunfla” (“le vale gorro”) que además tengamos necesidades de contacto afectivo.

Se podrían hacer tantos matices con respecto al tema de la problemática afectiva actual. ¡Cuántas veces nos podemos haber quedado con las ganas de dar un abrazo a alguien! Ya, pero entonces dejamos sin mencionar a aquellas personas que no se han podido despedir de sus seres queridos antes de morir. Aún recuerdo los aplausos de las 20 horas para agradecer al personal sanitario. Ocurrió durante la época del confinamiento, y me imagino que era también parte de una necesidad de mostrar cariño y afecto en un momento crítico.

Vivimos unos tiempos en los que las medidas de seguridad nos piden mantener una distancia de dos metros. Es curioso que sea esto lo que ilustra exactamente lo lejos que estamos de tener contacto afectivo físico. La ironía es que creo que es una época, también, en la que se producen muchas infidelidades y una buena cantidad de situaciones ilícitas de intercambio afectivo y sexual. En tiempos de conflicto emocional parece que es más fácil que el ser humano pierda el control sobre su propia persona. Ahora mismo, las oportunidades se multiplican debido a la enorme demanda.

Está claro que se puede expresar amor, afecto y cariño sin tocarnos, pero no tiene el mismo efecto. Mi prima Claudia Gro. afirma que “para que los abrazos surtan efecto, éstos han de ser largos, fuertes y apretaditos”. El problema es que en este momento con frecuencia nos quedamos con las ganas. Lo que suelo decir es que “la pandemia pasará”. Sólo entonces veremos con más claridad los estragos emocionales causados por la pandemia de la Covid-19.

Autor: Dr. Xud Zubieta Méndez

El placer y el dolor en las relaciones sexuales

Algunas personas refieren que un punto de dolor, en el momento oportuno, es el desencadenante perfecto que les precipita al éxtasis. Ese momento oportuno se suele dar cuando el nivel de excitación es ya muy alto… es como la gota que desborda el vaso. En esos instantes, entre otras prácticas, besos muy intensos, pellizcos y mordiscos en los labios, pezones… arañazos, fuertes palmadas en las nalgas y un manoseo más intenso de los pechos incrementan la excitación hasta culminar en el orgasmo. Este coqueteo con los estímulos dolorosos forma parte de los juegos de muchas parejas que se deleitan incluyéndolo en su repertorio erótico.

Por otro lado, hay relaciones sexuales que se centran en el dolor, en el sometimiento, y que se pueden llevar hasta el extremo de no incluir el coito o (ni siquiera) el orgasmo. Se trata de experiencias que van más allá y que pueden llegar a suponer un verdadero peligro para alguno de los participantes. Ciertamente, estas prácticas, bastante más duras, son mucho menos frecuentes, ya que la mayoría de las personas no asocian el placer con dolor hasta tales extremos. Aunque es verdad que el universo sadomasoquista es muy amplio y variado.

Para el Marqués de Sade, la vida no es sólo una búsqueda de placer. Para él, el placer va asociado al sufrimiento: «El cuerpo no es otra cosa que el instrumento para producir dolor«. Hay quien encuentra en la asociación del corpus erótico de Sade, que exalta el dolor y el placer, la fascinación por los rituales de muerte: juegos de gladiadores, corridas de toros, ejecuciones públicas, sacrificios religiosos, crucifixión…

En el mundo del erotismo, los seguidores de Sade pueden llegar al exceso de apagar cigarrillos en los pezones, hacer cortes y producir heridas que necesitan asistencia médica. Como no suelen encontrar parejas que les acompañe, llegan a pagar grandes sumas para desarrollar sus fantasías en el mundo de la prostitución.

El contrapunto del sádico está en el masoquistaSacher-Masoch, que en ‘La Venus de las Pieles‘ expresa así su pasión: «Para mí, el sufrimiento tiene un atractivo singular; la tiranía, la crueldad y, sobre todo, la infidelidad de una mujer bella, estimulan mucho mis pasiones». Las relaciones eróticas para Sacher-Masoch resultaban imposibles si no se encontraba en inferioridad manifiesta, en situaciones de humillación y de crueldad.

Algunos profesionales plantean que el problema de estas prácticas, en las que el estímulo erótico está firmemente asociado a producir o sentir dolor, es que pueden necesitar incrementar las sensaciones hasta el extremo de que llegan a ser peligrosas. Aunque, como ya se ha comentado, los adeptos a sufrir con el sexo son poco frecuentes. La mayoría se limita a coquetear con los estímulos dolorosos de manera mucho más inocente.

¿Qué opinas de la asociación de dolor y sexo? ¿Te estimula un cierto toque de dolor en tus prácticas sexuales? ¿Has conocido a alguien aficionado a estas tendencias? ¿Con quién te identificas más, con Sade o con Sacher-Masoch?

Autor: Dr. Xud Zubieta Méndez

Sexo Óptimo y Placentero

A menudo me preguntan qué hacer para mejorar el rendimiento y la satisfacción sexual. Casi toda la literatura científica sobre la sexualidad humana y la terapia sexológica está centrada en el tema de las disfunciones y su intervención. Podríamos decir que se trata de un ejemplo del modelo médico, el cual ha cumplido una importante función. Explica, hasta cierto punto, las causas por las que el sexo puede ir mal. Sin embargo, eso no implica que quede claro en qué consiste el buen sexo y cómo se puede potenciar el placer al máximo. Nos queda preguntar, «¿qué podemos hacer para que la actividad sexual vaya bien?».

Está claro que es una cuestión más bien subjetiva y que la experiencia de una «buena actividad sexual» seguramente varía de una persona a otra. De hecho, para cada individuo, en alguna época de su vida, una buena actividad sexual puede implicar ciertos factores distintos, los cuales difieren a los de otros períodos. Algunos encuentros sexuales, que en su momento parecieron meramente satisfactorios, aunque no sobresalientes, en retrospectiva ‒a través de la lente del tiempo y la fantasía‒ pueden parecer mejores.

Debido a que estamos cambiando y creciendo constantemente también enfocamos de distinta manera cada encuentro sexual. Intentemos recordar, por ejemplo, cómo fue nuestra primera experiencia sexual, nuestro primer orgasmo en compañía. Es muy posible que estuviéramos con los nervios a flor de piel, sintiéndonos vulnerables y particularmente inseguros. Al mismo tiempo, esa inocencia inicial también aportaba un toque de encanto e ingenuidad al sexo realizado.

Por lo tanto, es frecuente que la experiencia forme una base importante que nos permite discernir más claramente lo que nos gusta. Además, si hemos ido trabajando en nuestra persona habremos llegado a una asertividad que también está presente en nuestras decisiones sexuales. Es más fácil decir que sí o que no según lo que realmente deseemos, al tiempo que podemos empatizar más con nuestra pareja. No somos máquinas y no siempre tiene por qué apetecernos ni tenemos por qué sentir una obligación por cumplir.

Una buena actividad sexual tiene poco que ver con seguir una lista de instrucciones o con intentar repetir rutinas. Más bien, implica poder ver con la sensibilidad, la sensualidad, la receptividad, el equilibrio… que cada pareja puede encontrar. Quizás resulte imposible describir con palabras lo que implica tener una buena actividad sexual. Tal vez lo único que podemos hacer es recordar aquellas relaciones sexuales o aquella situación en la que disfrutamos especialmente y en donde llegamos a sentir que casi estábamos en el paraíso. Grábalo en tu memoria y evócalo cuando sea necesario sin abusar de este recurso.

Muchas veces evocar nuestros recuerdos sexuales placenteros puede potenciar nuestra confianza y mejorar la actitud con la que enfocamos y abordamos las relaciones sexuales. Lógicamente, no se trata de evocar recuerdos pasados para compararlos con el presente, sino que han de servirnos para generar un estado de ánimo positivo con respecto al sexo y al disfrute.

Ante todo, es muy posible que el mejor sexo sea aquel que se consigue por el esfuerzo y entusiasmo de ambas personas, así como por su empatía y su capacidad para dar y recibir. El trabajo en equipo garantiza una actividad sexual más satisfactoria.

¿Qué consideras una buena actividad sexual? ¿Cuál dirías que ha sido la mejor experiencia sexual que has tenido en tu vida? ¿Cuál es tu mejor recuerdo sexual?

Autor: Dr. Xud Zubieta Méndez

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Condiciones favorables para el sexo

La sexualidad tiene sus particularidades y variantes en cada persona. Hay quienes pueden abstraerse por completo de su entorno y tener unas relaciones sexuales óptimas, incluso con alguien desconocido y en un lugar público, por ejemplo. Sin embargo, esto no es lo más habitual y cabe esperar que la inmensa mayoría de personas requieran de un mínimo en las condiciones que favorecen su rendimiento en las relaciones sexuales.

Las condiciones a las que nos referimos tienen que ver con cómo, cuándo, dónde… realizar las actividades sexuales en general, y en particular. También podemos hablar de condiciones que tienen que ver con el propio individuo, a las cuales podemos llamar «intrínsecas», y las pertinentes al entorno, que pueden denominarse «extrínsecas».

En cuanto a las condiciones referentes a la persona, podemos decir que tanto el estado físico como el psicológico son fundamentales. Aunque bastantes personas jóvenes tienen más resistencia y pueden ser ‒en ese sentido‒ menos vulnerables, a veces la juventud no es ninguna garantía de salud sexual. Una condición que favorece las relaciones sexuales es contar con suficiente energía. Hay veces que después de una juerga ‒o tras una ardua jornada en el trabajo‒, el cuerpo simplemente no lo pone fácil. Quizás es una mejor idea descansar y tener sexo en otro momento.

Asimismo, una persona que está tranquila y relajada suele disfrutar más de las relaciones y de este modo facilita el placer de su pareja. Tener ganas ‒aunque sea mínimamente‒ es otra condición a tomar en cuenta. A menudo hemos insistido en la importancia de que sean consensuadas todas las actividades sexuales emprendidas por dos o más personas. Igualmente, alentamos una actitud flexible, dispuesta a experimentar con nuevas posibilidades ‒y con una vida sexual variada‒.

Con respecto a la cuestión de dónde es más recomendable tener relaciones sexuales, la respuesta es muy sencilla. Básicamente, para casi toda la gente es esencial contar con un sitio íntimo y privado. Está claro que hay personas con gustos exhibicionistas que dirían lo contrario, pero para la mayoría de personas, la privacidad es un requisito fundamental para ser capaces de relajarse, dejarse llevar y abandonarse.

Quizás en ciertos períodos de la vida, algunas personas sentirán la necesidad aventurarse más, y busquen lugares menos privados para su actividad sexual. No obstante, en otros períodos precisarán de una gran privacidad para poder mantener relaciones sexuales satisfactorias.

Acerca del tema de cuándo es mejor realizar actividad sexual, la respuesta también es fácil: cuando se tenga suficiente tiempo para ello. A pesar de que un «quiqui» pueda venir como «agua de mayo» en algunos momentos, tampoco se puede edificar demasiado en torno a una cadena de continuos «aquí te pillo, aquí te mato».

Éstos son algunos ejemplos de las condiciones más importantes. Como decía al inicio, «la sexualidad tiene sus particularidades y variantes en cada persona». Y es posible que hayamos dejado fuera algunas condiciones que puedan ser fundamentales para ti.

¿Cuáles son las condiciones que mejor te permiten disfrutar del sexo? ¿Las conoces? ¿Nos las cuentas?

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

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La fantasía en las relaciones sexuales

“Érase una vez una mente traviesa y muy curiosa… María está en la cola del cine junto a su pareja. De pronto se percata de la presencia de un chico. Ambos se miran de reojo. Entonces, se miran intensamente. La conexión es instantánea. No existe nadie más, tan sólo ellos dos. Por si fuera poco, le viene un intenso olor a One million (ya se me entiende). Discretamente se dirigen al baño. Ahí todo fluye rápidamente. Comienzan a besarse con pasión, como si no hubiera un mañana. Los jadeos son cada vez más intensos. Él le agarra los glúteos. Ella le desabrocha el pantalón…”. ¿Qué te parece? Tal vez un tanto “vainilla o light”, ¿quizá?

Probablemente nos resultaría casi imposible revelar en voz alta muchas de nuestras fantasías. Por citar algunos ejemplos, “montárnoslo con una compañera de clase”, “con el novio de una amiga”, o “con la chica que vemos todas las mañanas en el autobús”, hasta otras fantasías relacionadas con el BDSM – ser sometido o sometida–, incluso “crear una película estilo Disney” o “imaginar que eres una prostituta de lujo”. Sálvenos, Minerva: ¡Bendita creatividad! Las fantasías son positivas, aunque tengas pareja estable y le ames. ¿Y qué? Es más, pueden potenciar nuestra vida sexual y, por ende, nuestra relación de pareja. Quitémonos nuestro corset mental. Si nos pone, ¡adelante! Cabe mencionar que ante cualquier práctica sexual, especialmente dentro del BDSM, el consentimiento es fundamental.

¿Sabías que las fantasías son importantes durante el proceso de excitación sexual? De hecho, la fantasía de fusión durante el coito ayuda a que se produzca el orgasmo. Dejemos de lado el mito de que “es un error dar rienda suelta a nuestra imaginación durante el coito”, y las culpas judeocristianas. Evidentemente, esto no implica necesariamente que se ha de materializar dicho “sueño”. Es más, de ser así generalmente la gratificación podría ser baja porque en nuestra mente creamos una ilusión con unas expectativas “perfectas”, según lo que deseamos. Las fantasías, fantasías son y en muchos casos potencian nuestro placer cuando tenemos sexo, ya sea solos, solas o acompañadas.

Desde nuestra infancia nos han educado en la represión sexual. Aun, a día de hoy, sigue muy arraigada en nuestra sociedad la idea de que tenemos que comportarnos como personas “decentes”. ¿Dónde quedan nuestra libertad y nuestros deseos? Recuerda una cuestión, tu sexualidad es tuya y eres libre de elegir cómo y con quién o con quienes quieres vivirla. Para que te quede claro, si te gusta fantasear eres una persona como cualquier otra.

En definitiva, las fantasías nos ayudan a conocernos mejor e incluso si tenemos pareja es muy positivo poder compartirlas, evidentemente con cabeza y en su justa medida. Si, por ejemplo, te pone la novia de uno de tus mejores amigos, guarda el secreto para ti. Usa el sentido común. La sinceridad es vital en nuestras relaciones sociales y personales, pero es positivo que guardemos para nosotras y nosotros algunas cuestiones que pertenecen al ámbito de nuestra intimidad.

¿Sientes que te da corte hablar con tu pareja y compartirle lo que realmente te pone? Puedes comenzar con algo inofensivo, cuando te sientas preparada o preparado, claro. Déjate llevar y goza. Si por el contrario te sientes con la incapacidad de fantasear, te aconsejo que medites la posibilidad de acudir a un o una profesional de la sexología que te ayude a fluir más en ese aspecto.

¿Qué es lo que te pone? ¿Cómo serían tus fantasías sexuales? ¿Has hecho realidad alguna o algunas de ellas? ¿Cómo fue la experiencia? ¿Sientes confianza con tu pareja sexual para contarle lo que te gusta?

Autora: Vanesa Romero Ballester (Psicóloga y Sexóloga)

Fuentes bibliográficas:

  1. de Béjar, Sylvia. Tu Sexo es Tuyo. Editorial Booklet. España.

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El Punto-G Masculino

Todos hemos oído hablar del punto G femenino, sin embargo, el punto G masculino parece no ser tan conocido. Muchos hombres no quieren descubrirlo por miedo a perder “virilidad” o por considerarlo antihigiénico. La verdad es que se trata de una zona extremadamente placentera para el sexo masculino. El punto G se encuentra en el interior del recto, a unos 5 centímetros del ano, hacia la vejiga.

En realidad, es un abultamiento de un centímetro de espesor y, desde el punto de vista anatómico no es más que la próstata, pudiendo acceder a ésta con la introducción de un dedo en el orificio anal. Existe una forma de estimularlo externamente, presionando o masajeando el perineo ‒que es el suelo de la pelvis‒, ya que existe una enorme cantidad de transmisiones nerviosas que dotan a esta zona de una gran sensibilidad. Enriqueceremos nuestro universo de placer si nos permitimos integrar este tipo de estimulación a nuestras prácticas sexuales ‒más que poner límites y excluir capacidades del disfrute sexual‒.

La causa principal de que los hombres que lo han probado hablen de una intensificación del orgasmo se debe al incremento de las contracciones pélvicas que producen una intensa estimulación por la emisión de una cierta cantidad de líquido prostático, aumentando la producción de semen. Por lo tanto, se produce un gran aumento del placer que provoca el orgasmo.

La primera recomendación para llevar a cabo esta práctica es dejar atrás todo tipo de prejuicios y tabúes sobre la masculinidad. En nuestra práctica clínica diaria apreciamos poco a poco un incremento del juego anal en las relaciones heterosexuales. Suelen ser las parejas más jóvenes en quienes observamos que los hombres se permiten aceptar las caricias y el acceso a la zona perianal, disfrutando sin por ello cuestionar su orientación sexual. Es que éste es uno de los asuntos que con más frecuencia pueden evocar el fantasma de la homosexualidad en varones sujetos a una educación machista tradicional. Hablamos de una educación que puede suponer la autolimitación, evitando el juego con el propio ano por la inseguridad que eso genera.

Para aquellas personas más reservadas o inseguras, que quieren dar el paso a probar esta experiencia, recomendamos intentar encontrar el punto G. Por ejemplo, mientras se practica sexo oral, para crear un ambiente tranquilo y distendido. Así, la parte de la pareja que vaya a realizarlo podrá centrar su atención en la parte trasera con las manos. A continuación, dejamos a modo de guía como podría realizarse:

  1. Empezar masajeando la zona perianal, que es la parte de piel que hay entre el ano y los testículos, ya que como hemos dicho, es una zona muy sensible.
  2. Estimular externamente con un dedo la parte del ano.
  3. Para evitar molestias innecesarias que nos bajarían la excitación, te sugerimos usar un lubricante de base de silicona, ya que tienen la ventaja de durar más a diferencia de los de base de agua. La zona del ano no lubrica de manera natural por lo que nos servirá de gran aliado. Cuando lo tengamos, introduciremos un dedo poco a poco unos 7 centímetros hasta sentir una pequeña “nuez” ahí dentro. Si fueran las manecillas del reloj serían las 12 en punto.
  4. Una vez encontrado el bulto, repetir con los dedos el movimiento de “ven aquí”, lo cual permitirá masajear la zona y lograr un gran placer.
  5. El resto, pues ¡ya, es cosa tuya!

Para los más experimentados, existen en el mercado de juguetería erótica, varios productos, como masajeadores de próstata, vibradores, plugs o cadenas anales que pueden resultar de utilidad para estimular el punto-G masculino.

Andrea Bello Pastor (Psicóloga y Sexóloga)

Referencias bibliográficas

¿Cuál es el punto G del hombre? Elvira Sáez. 2019

Platanomelón.com

María Masdeu. Punto G masculino: ¿Dónde está y como estimularlo?

Las relaciones sexuales en tiempos de la Covid-19

La pandemia por la Covid-19 ha entorpecido nuestras vidas de una forma totalmente inesperada y voraz, en algunos sentidos devastadora. Más allá del crudo dato de cuántas personas han muerto a causa de este virus, tenemos una serie de cuestiones a analizar. Existe una enorme cantidad de personas que tienen a alguien a su alrededor que se ha enfrentado al virus y que no ha librado la batalla. Lo cual, en sí mismo, puede producir una experiencia depresiva y hasta traumática, por la pérdida de uno o varios seres queridos.

El otro día veía la foto de una prima hermana mía que a su vera tenía a dos seres queridos. A su pareja por un lado, y a su madre, por el otro. Se trata de una foto de principios del 2020 y, en el momento presente, de esa foto sólo queda viva mi prima. Así de cruda, o mucho más, puede ser la actualidad de la pandemia en realidad. Esto a pesar de las muchas actitudes «negacionistas» que podamos encontrar.

En algunos sentidos ésta se parece a una época de guerra. Se trata de una situación extrema en la que se genera una profunda sensación de inseguridad y vulnerabilidad. Aunque es casi inevitable pensar eso de que “no me va a ocurrir a mí”, cuando vamos viendo que poco a poco va cayendo más gente, es posible que el miedo empiece a hacer acto de presencia. En este tipo de situaciones, la gente tiende a actuar de forma semiautomática o inconsciente y de cada cual pueden salir cosas no vistas anteriormente.

A grandes rasgos, podemos dividir a la población en dos grupos. Uno de ellos está compuesto por personas evitativas. Ellas suelen actuar inconscientemente con evasión ante todas aquellas situaciones que les pueden resultar desagradables y dolorosas. Por otra parte, el otro grupo esta formado por personas que se preocupan en exceso y pueden llegar a experimentar miedo ‒e incluso algo de paranoia‒. En este caso, el temor es a contraer el virus, enfermarse, morir… o por la posibilidad de contagiarse por la Covid-19 y luego contagiar a sus seres queridos.

Es importante mencionar que estos dos grupos de personas representan los dos extremos que podemos encontrar. Entre medias hay personas que forman parte de éstos en cierta medida. Como decía mi querido amigo Freud, es una cuestión de grado. Incluso, cabe la posibilidad de que una misma persona experimente estos dos extremos y vivir mucha confusión debido a ello.

También he visto a mi alrededor casos de familias enteras contagiadas, en las que se han salvado las personas mayores y algunos de los más jóvenes han muerto, desafiando la lógica.

Obviamente, las personas que están viviendo la situación con temor salen de su casa sólo cuando se ven obligadas a ello y no representan un peligro. Si un gran porcentaje de gente siguiera adecuadamente las medidas de seguridad, el problema de la pandemia sería relativo, como lo han conseguido en algunos países.

Por otra parte, las personas evitativas, aquellas que se evaden y hacen de cuenta que no estamos en medio de una pandemia viven sin temor. Por lo menos a nivel consciente. Por lo tanto, es probable que este tipo de personas estén saliendo de casa sin miedo ni preocupación e intenten continuar negando las restricciones necesarias para atajar la pandemia.

Lamentablemente, muy poca gente está acostumbrada a no salir ‒o salir poco‒ y a pasar una buena cantidad de tiempo consigo misma. Tras el confinamiento, me parece que ha habido una especie de efecto rebote y han caído en comportamientos irresponsables y hasta temerarios. Dicha temeridad ha incluido conductas sexuales.

Si en una situación normal (sin una pandemia), a la gente ya le cuesta tener un control sobre su persona, en una situación límite le va a resultar sumamente difícil.

Como sexólogo, me he enterado de comportamientos sexuales que me parecen de gran riesgo y totalmente peligrosos. Me refiero a personas que pierden el control y buscan tener actividad sexual en compañía. Si se tratara de personas que están en una relación de pareja no supondría un problema, siempre y cuando circunscribieran su actividad sexual al ámbito de la pareja. No obstante, quizá como parte del efecto rebote, he visto casos de personas que han sido promiscuas y han tenido relaciones sexuales con diversas personas desconocidas, lo cual puede suponer un gran riesgo para la salud.

Por último, creo que es necesario mencionar que nuestra sexualidad se puede ver afectada por el confinamiento, en especial cuando se está viviendo con varias personas en un pequeño espacio. En Navidades se suele ver bastante este problema porque en esa época del año pasamos muchísimo tiempo en compañía de familiares. Es ésa una parte del calendario en el que se produce menos actividad sexual. Es posible que lo mismo esté ocurriendo en algunos casos.

Existe también el fenómeno de la prostitución en tiempos del Coronavirus, el cual merece un post aparte.

Nos gustaría saber cómo ha sido tu vida sexual durante la pandemia. ¿Qué nos puedes contar al respecto?

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

Ni contigo ni sin ti

“Contigo porque me matas y ahora sin ti ya no vivo (…). Tú eres quien me hace llorar, pero sólo tú me puedes consolar.” Si nos ponemos a analizar las letras de algunas canciones –o más bien de muchas–, enseguida nos damos cuenta de que nos lanzan un mensaje subliminal muy claro y directo: “el amor duele” o “el amor implica un gran sacrificio”. Permitidme que ponga en duda a Hollywood, a Disney y a la industria de la música Pop. ¿Por qué tratamos de “mantener” una relación que ya no nos hace felices? O, dicho de otro modo, ¿por qué preferimos estar mal acompañadas o acompañados que a estar solos?

Las razones son muy variadas, pero están estrechamente relacionadas entre sí. Generalmente, ante la idea de tener que afrontar esa ruptura, uno o ambos miembros de la pareja, lo viven como una situación sumamente estresante. Porque en ella es en la que les invaden emociones muy intensas, principalmente miedo y culpa. Por un lado, el miedo a la soledad y a afrontar el duelo. Miedo al qué dirán los demás –familia y amigos– y a salir de la zona de confort –dado que tienen que aprender a reorganizar su vida sin esa persona–. Por otro, culpabilidad porque no se quiere dañar a la otra persona. ¡Maldita educación conservadora!

Otra razón bastante común es la costumbre. En muchas ocasiones he escuchado: “llevamos tanto tiempo juntos y nos conocemos tan bien, que me cuesta estar sin esta persona”.  Detrás de dicha situación se esconde un profundo autoengaño que oculta los miedos y las creencias que llevan a la pareja a “seguir” con esa relación que emocionalmente ya terminó. La creencia de “el amor todo lo puede” resulta muy dañina y es el caldo de cultivo de las relaciones tóxicas que pueden llegar incluso a generar, incluso, algún tipo de maltrato. Aquí sería interesante cuestionarse lo siguiente: ¿Realmente lo que siento es enamoramiento, amor o tal vez es dependencia? ¿Para qué estoy con esta persona?

En relación al punto anterior es importante que seamos conscientes de cuál es nuestra situación y que seamos honestas y honestos con nosotros mismos. Cuando una relación termina inevitablemente ambas personas pasarán por un período de adaptación a su “nueva normalidad”. En éste sentirán confusión, rabia, tristeza, negación y finalmente llegará un día en el cual esa herida será una pequeña cicatriz de aquella experiencia.

El duelo es un proceso que cada uno tiene que realizar de forma individual. Si permaneces aferrada o aferrado a tu (ex) pareja, ni tú ni la otra persona podréis avanzar. ¡Quítate la culpabilidad de encima, por favor! Mejor cámbiala por responsabilidad y saca un aprendizaje. Recuerda lo siguiente: las relaciones sanas fluyen y si la tuya no lo hace y sientes que ya no estás a gusto con esa persona céntrate en ti misma o ti mismo y en lo que necesitas. Pasa página y cuídate porque antes que nadie, tú eres la persona más importante de tu vida.

¿Estás en una relación de “ni contigo ni sin ti”? ¿Alguna vez has iniciado una relación al poco de haber cortado con tu anterior pareja? ¿Crees que tienes miedo a la soledad? ¿Piensas que un clavo saca a otro clavo?

Autora: Vanesa Romero Ballester (Psicóloga y Sexóloga)

Fuentes:

  1. La mente es maravillosa – Ni contigo, ni sin ti, conmigo:

https://lamenteesmaravillosa.com/ni-contigo-ni-sin-ti-conmigo/

  • Ni felices, ni para siempre: Una nueva forma de entender las relaciones de pareja – Clay Newman

La crisis, la emancipación y la sexualidad

Una buena parte del 2020 ha supuesto una crisis importante en distintos ámbitos de nuestra vida debido a la Covid-19. Ha sido un año que muchas personas no llegaremos a olvidar. Ha supuesto que nos replanteemos un gran número de aspectos de nuestro estilo de vida. En España pasamos por un período de confinamiento, algo que también ha ocurrido en otras partes del mundo. Las estadísticas han cambiado por completo y la mayoría esperamos recuperar la “normalidad”, o vivir como antes lo más rápidamente posible.

Según estudios de hace unos años, el 65% de los jóvenes españoles de entre 16 y 34 años seguía viviendo en el hogar familiar, cifra que aumentó tras la crisis del 2007, siendo los 27 años, la edad media de emancipación. Sin embargo, los jóvenes europeos parecen hacerlo antes. La tendencia de los padres de ofrecer facilidades para que sus hijos se sientan cómodos en casa indefinidamente, sumado a la precariedad laboral y los precios de las viviendas, contribuyen a inflar estas cifras.

Desde un punto de vista sexual, la tardía emancipación puede condicionar la creación de algunos problemas sexuales. Una de las principales consecuencias de vivir en el seno familiar es que, por lo general, no se cuenta con un espacio propio en el que vivir nuestra sexualidad. Cualquier sitio se convierte en idóneo para nuestros encuentros, convirtiendo el sexo en una actividad rápida y nada adecuada para el pleno disfrute y satisfacción, ya que la prisa por no ser descubierto lo puede convertir en una práctica incómoda e insegura.

En la actualidad, según datos de el Consejo de la Juventud de España (CJE), para el primer semestre del 2019, sólo el 18% de las personas de entre 16 y 29 años estaban emancipados. Esto supone un gran problema en tiempos de pandemia porque desde las élites sanitarias en estos momentos nos instan a realizar un confinamiento voluntario. Es aquí cuando vemos claramente los problemas de tener a una familia completa, es decir, el padre la madre y uno, dos o más veinteañeros, por ejemplo, confinados en un espacio de 75 metros cuadrados.

A menudo acuden a consulta jóvenes cuya actividad sexual se desarrolla principalmente en el coche o en sitios públicos, sólo. Es cierto que hay personas que se adaptan e incluso buscan realizarlo fuera de la cama, pero no todas son capaces de adaptarse a esta “normalidad”, relajarse y disfrutar del sexo en lugares públicos.

Según la perspectiva de la salud sexual, es fundamental contar con un espacio propio en el que vivir nuestra sexualidad de manera segura y regular. Las prisas por “terminar” pueden generar con el tiempo problemas de eyaculación precoz, ya que condicionamos el sexo a una actividad rápida. El hecho de programar nuestros encuentros sexuales, no permiten que el deseo sexual nazca espontáneamente como puede ser en el salón de nuestra casa, por lo que, con el tiempo, puede generar una inhibición del deseo sexual.

Además de lo mencionado en relación con la sexualidad, el no contar con un espacio propio, puede dañar la relación sentimental debido a que la intimidad siempre va a estar expuesta y “en peligro”, imposibilitando crecer y experimentar más allá de lo que un coche te permite. La rutina de estas prácticas también puede ser motivo de pérdida de interés en crecer sexualmente con tu pareja, ya que las opciones de las que se disponen son muy limitadas.

Sabemos que la monotonía en terrenos de pareja puede derivar en una falta de motivación y esto, en términos de sexualidad supone el predecesor del abandono de la relación.

¿Dónde practicabas sexo antes de salir de tu casa familiar? Si no lo has hecho, ¿qué te detiene? ¿Cuentas con un espacio propio para tu intimidad? ¿Crees que está muy generalizada la práctica del “sexo rápido”? ¿Cómo recuerdas tu época de “sexo rápido”? ¿Te ha generado algún tipo de problema de pareja no contar con un espacio íntimo?

Andrea Bello Pastor (Psicóloga y sexóloga)

Referencias:

La emancipación de los jóvenes en España. Fundación BBVA. 2018

Observatorio de Emancipación Juvenil nº18 (1sem2019).  http://www.cje.org/es/publicaciones/novedades/la-tasa-de-emancipacion-de-la-poblacion-joven-en-espana-alcanza-el-valor-mas-bajo-de-los-ultimos-diecisiete-anos/

Cómo facilitar la intimidad

No siempre queda claro en qué consiste la intimidad en las relaciones sexuales. Por otro lado, la lista de variables que pueden estar presentes en el desarrollo de problemas sexuales es muy amplia y no todos tienen la misma etiología. Los hay de afectación claramente orgánica o fisiológica ―derivados de enfermedades o del consumo de sustancias―. Hay otros problemas de naturaleza más emocional o psicológica ―un mal aprendizaje que se mezcla con una educación sexual inadecuada―. Además, es importante considerar las condiciones ambientales no controladas y estresantes, que llegan a jugar un importante papel.

Cuestiones tan prosaicas como la preocupación de que los suegros ―que están durmiendo en la habitación de al lado― perciban algún ruido sospechoso puede desencadenar dificultades en la excitación e inhibir el deseo. O en un problema de eyaculación precoz, cuanto más rápido termine, antes se acaba la angustia.

También solemos encontrarnos con la preocupación de que los padres que temen que el niño se levante y les sorprenda. Nos consta lo común y habitual que es sorprender a los padres, aunque es un tema del que poco se habla. Es una situación que podemos considerar “cotidiana” y frente a la cual, muchas parejas no saben qué hacer. Se extrañan mucho cuando se les explica que hay un sistema muy sencillo consistente en cerrar la puerta, de manera que puedan estar tranquilos. Por curioso que parezca, algunas parejas se resisten a esa medida. Argumentan que no consienten que en su casa se cierren las puertas con llave, que no tienen nada que esconder…

Desde una perspectiva sexológica, el punto es el siguiente: en nuestra sociedad la actividad sexual ―caricias, masturbación, coito…― se realiza en la intimidad. No suele realizarse en la presencia de terceros. Está claro que hay gente que práctica el sexo en público, pero se trata de una minoría, y es un tema que tratamos aparte. Lo más común es la relación entre dos personas o el autoerotismo ―término que mejor describe el darse placer a uno mismo―.

Recuerda que si tienes un sitio cómodo y en el que percibes que no sufrirás interrupciones es más probable que mantengas una mayor frecuencia en tus relaciones sexuales. También será más fácil disfrutar de éstas. A menos que te excite el riesgo de ser descubierto… pero no es divertido si quienes te descubren son tus hijos.

Si estamos de acuerdo con este principio de intimidad, ¿será necesario o no cerrar las puertas y asegurar un entorno plácido y confortablemente? ¿Cuál es tu experiencia sobre este tema? ¿Tienes un espacio seguro para tu intimidad?

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

La familia y la elección de pareja

La familia, ese núcleo de seguridad y bienestar, de acogimiento y protección, de amor incondicional y fomento del crecimiento personal…para algunos. Para otros, sin embargo, supone un espacio de conflicto, incomprensión y falta de cariño… Resulta interesante para los psicólogos ver cómo el tipo de apego permanece bastante estable a lo largo de la vida. Éste influye enormemente en el peregrinaje de búsqueda de pareja y en la forma de interacción, así como en resolución de conflictos con la misma.

El apego es la adquisición de una confianza o desconfianza básica que guía y mediatiza todas las relaciones personales posteriores a las figuras de protección, especialmente las de intimidad. Los niños y niñas construyen patrones de interacción con los demás en base a la representación segura o insegura que sus cuidadores les han configurado.

Por ejemplo, aquellas personas criadas en un ambiente hostil seguramente hayan desarrollado una baja autoestima y se vean perseguidos en su vida adulta por la idea que no merecen ser queridos (es la creencia que sus figuras de protección le han implantado y que ellas han interiorizado). Terminan creyendo que no son dignas de que alguien se enamore de ellas y terminan uniéndose a parejas inadecuadas, que saben cómo someterles y hacerles dependientes. Así, consiguen encajar en el molde creado anteriormente y reafirmar el concepto de “amor hostil” proveniente del seno familiar.

En cambio, las personas criadas en un ambiente familiar cercano, seguro y cariñoso, serán más tendientes a desarrollar más capacidad de autonomía (tolerarán mejor vivir sin pareja que los mencionados anteriormente). Como consecuencia, es probable que seleccionen mejor con quien comprometerse y, por tanto, obtener una mayor satisfacción en las relaciones de pareja.

En la sexualidad también se manifiestan estos esquemas mentales. El código de la intimidad es diferente al código social y convencional, ya que requiere un uso diferente de las miradas, del espacio interpersonal, de las caricias, de la expresión de emociones, etc. En las relaciones de apego aprendemos a mirar, a tocar, a abrazar, a comunicar, a compartir emociones y a recibirlas. Estas interacciones se producen sólo entre amantes y entre figuras de apego y niños o niñas. Si no adquirimos correctamente estos códigos en la infancia, tendremos mayores dificultades en el proceso de seducción y en las relaciones que requieren de una intimidad: tendremos dificultades para expresar emociones o conductas de proximidad y sentiremos incomodidad ante la desnudez propia y de la otra parte.

Es indudable que el ambiente familiar en el que crecemos condiciona muchos aspectos de nuestra sexualidad (tanto individual como compartida). Por ejemplo, el descubrimiento de nuestro placer puede vivirse como un hecho traumático si crecemos en un ambiente familiar con preceptos muy restrictivos respecto al sexo. Esto, traducido a la sexualidad en pareja puede generar problemas sexuales tales como una ausencia de deseo (por ejemplo, si la masturbación ha sido castigada en nuestro hogar, podemos extrapolar esta idea negativa del sexo a las relaciones de pareja y bloquear inconscientemente nuestro deseo sexual).

Los padres regulan a través de la comunicación no verbal y verbal la conducta sexual y las actitudes de los hijos e hijas en cuanto a su erotofilia (actitudes positivas hacia la sexualidad y la erótica) o erotofobia (actitudes negativas hacia el mismo). Cuando el silencio es la única respuesta ante cuestiones relacionadas con el sexo, o cuando se cambia de canal ante escenas de pasión en películas, se está transmitiendo un rechazo y una visión negativa del sexo. ¿Por qué normalizamos las escenas de lucha y sangre y no las escenas de amor entre dos personas? En el fondo todo esto forma el «imprinting», tema del cual hablaremos en otro momento.

Todo esto, hace que la manera de vivir la sexualidad de los padres y su poder de interpretación y regulación influya y determine tanto en las actitudes como en las opiniones sexuales de sus hijos e hijas. Si no se gestiona adecuadamente la herencia familiar, nuestra vida sexual puede ser un lastre y condicionar nuestras relaciones amorosas futuras.

¿Cómo ha condicionado tu familia de origen tu forma de entender las relaciones de pareja y el sexo? ¿Cómo se abordan los temas sexuales en tu entorno familiar? ¿Qué pasa cuando aparece una escena subida de tono viendo la tv con tu familia? ¿Tienes algún recuerdo negativo de tu despertar sexual?

Andrea Bello Pastor (Psicóloga y sexóloga)

Referencias bibiliográficas.

Robert Sternberg. 1988. El triángulo del amor.

Félix López Sánchez. 2003. Apego y relaciones amorosas.

Eso no es amor, se llama obsesión

Inseguridades, celos, control, posesión… ¿Se trata de síntomas propios del amor pasional o de una incipiente relación obsesiva? Cruzar esta línea tan fina es más sencillo y común de lo que se cree.

John D. Moore, psicólogo y escritor del libro “Confundir el amor con obsesión”, habla de la existencia de la “rueda de la obsesión” en una relación de pareja, donde la obsesión es comparada con un ciclo de cuatro fases: atracción, preocupación, obsesión y destrucción. La atracción y adicción desmesurada del principio por la persona dependiente la inunda mucho antes de formalizar la relación. Con el tiempo, la preocupación constante al abandono termina en una pérdida total del control como resultado de una ansiedad extrema. Finalmente, la fase destructiva, representada como el final de la relación, suele ser la más peligrosa de todas ya que la persona se sumerge en una espiral de depresiones al sentirse rechazada.

En consulta, podemos ver que, en la mayoría de las ocasiones, no es el sentimiento amoroso el que mueve a preservar el vínculo por parte de la persona dejada. Más bien, el amor pasa a un segundo plano y entran en juego la dependencia y el apego inseguro, siendo característico de personas con baja tolerancia a la frustración.

Bajo el disfraz del amor romántico, la persona apegada sufre una despersonalización donde la dependencia y el miedo al abandono se anexan en la persona “amada”. Detrás de todo apego inseguro hay miedo e incapacidad. Por ejemplo, “si soy incapaz de vivir sin mi pareja, tendré miedo a quedarme solo y me apegaré de manera obsesiva e irracional a ella”.

Paradójicamente, no sentimos miedo a la soledad, sino a que nadie elija estar con nosotros. Fruto de este pensamiento, hace que tendamos a aferrarnos a la primera persona que llama a nuestra puerta, pensando “con él/ella ya no estaré solo… aguantaré lo que sea con tal de que no me deje”. Sin embargo, la soledad puede ser nuestro mejor aliado en muchos momentos, ya que nos invita al autocuidado personal y a la reflexión para preguntarnos sobre qué es lo que verdaderamente queremos. Sólo así, conseguiremos tomar conciencia de lo que realmente buscamos en una relación, evitando caer en obsesiones.

Muchos enamorados no decodifican lo que su pareja siente o piensa, lo ignoran como si no existiera. Cuando su “media naranja” les dice “ya no te quiero, lo siento” le produce angustia y su baja tolerancia a la frustración se manifiesta solo de manera autorreferencial en: “¡Pero yo sí te quiero!”, como si el hecho de querer a alguien fuera motivo suficiente para ser correspondido.

La dependencia emocional es un componente más del cuadro de amor obsesivo; “cuando una persona necesita estar permanentemente conectada a otra para sentirse completa, quiere decir que emocionalmente es dependiente” explica el doctor Moore. Intentar actuar en base a las preferencias de la pareja por miedo al abandono, así como estar en constante alerta en torno a la relación, son claras señales de que estamos perdiéndonos a nosotros mismos.

Los malos perdedores en el amor son una auténtica bomba de relojería. Las estrategias de recuperación se ponen en marcha sin límites ni consideraciones: “Todo es válido si consigo que vuelva a mi lado”: el fin justifica los medios en estas personas.

El colmo de los amores obsesivos se da cuando las dos personas contribuyen a crear una relación dependiente y obsesiva. En estos casos, ninguna de las dos partes es capaz de terminar la relación, creando una espiral patológica y destructiva que se extrapola a todas las esferas de la vida de los individuos.

¿Crees que puede haber amor cuando hay un alto grado de obsesión? ¿Es compatible el amor con la obsesión? ¿Has conocido a algún amor obsesivo? ¿Te ha tocado vivirlo a ti? ¿Cuál es tu experiencia al respecto? ¿Qué se puede hacer ante un amor obsesivo?

Autora: Andrea Bello Pastor (Psicóloga y sexóloga)

Referencias bibliográficas:

John D. Moore, 2007. “Confundir el amor con obsesión”.

Riso Walter, 2014. “Amar o depender”

Yaiza Saiz, 2014. “No es amor, es obsesión”

Educación Sexual Integral en la primera infancia

Pautas para padres y madres

Compartiré una serie de pautas que sean interesantes y útiles para padres y madres. Sería recomendable leer previamente el artículo de “Sexualidad de los 0 a los 6 años” para poder contextualizarlo más fácilmente.

De inicio es importante recordar que la familia es el principal referente psicoafectivo y psicosexual cuando somos pequeñas o pequeños. Un “referente” es un modelo de conducta. En la niñez interiorizamos los comportamientos de los adultos a nuestro alrededor y especialmente el de nuestras madres y padres.

Hoy en día siguen existiendo un sinfín de tabúes particularmente relacionados con la sexualidad, los genitales y la reproducción, particularmente. Un ejemplo de ello lo encontramos en el llamado “Veto Parental”, que implica que los padres y madres pueden marcar un límite en la enseñanza que se les imparte a sus hijos e hijas.

Esto ocurre, en gran medida, por el desconocimiento y los prejuicios de la familia hacia este tema. Por lo tanto, es esencial que los programas de educación afectivo-sexual curriculares incluyan, paralelamente, una vertiente dirigida concretamente a padres y madres. En lo que respecta al entorno familiar, ¿Qué pautas recomendamos podemos ofrecerles?

Por un lado, es importante que en casa se respeten las manifestaciones sexuales o “juegos eróticos” de sus hijos e hijas. En sexología utilizamos este término para designar cualquier práctica relacionada con el autoerotismo: inspeccionar lo que tienen debajo de la barriga, así como a los juegos que se pueden producir con sus coetáneos ‒juegos de rol, como el de médicos o mamás y papás. La idea es que los padres y madres aprendan a naturalizar la sexualidad. Uno de los temas en los que insistimos bastante es el de llamar a los genitales por su nombre; pene y vulva, así como el de responder transparente y claramente, adaptando nuestro lenguaje al responder a las dudas que nos presenten. Por ejemplo: ¿De dónde vienen los bebés?

Por otro lado, las personas adultas tienen la tarea de enseñar a sus hijos e hijas a asumir la responsabilidad por su propia sexualidad. Para ello, es importante transmitirles una visión positiva de ésta, ante todo mostrar naturalidad y hacerles conscientes de que existen algunos peligros, como como la pornografía, el “grooming”* o el abuso sexual infantil. Dentro de las competencias parentales se encuentra el enseñar a los y las menores a protegerse y para ello aprendan a poner límites: Saber decir “NO”. La clave está en que los niños y niñas desarrollen un pensamiento crítico y que aprendan a discernir la información fehaciente de la que no lo es.

Un último aspecto que cabe destacar es la comunicación entre padres/madres e hijos/hijas. Resulta de vital importancia que los adultos participen activamente en la educación sexual de sus hijos e hijas y forjen un vínculo de confianza con ellos en este ámbito. Por dar alguna idea, mientras estáis viendo la televisión en el salón podemos preguntarle: “¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes? O, ¿te lo has pasado bien?”. Si percibimos que nuestro hija o hijo no quiere hablar, debemos respetarlos. Cada cual tiene sus procesos, especialmente conforme se aproximan a la adolescencia. Hay que expresarles que estaremos a su lado cuando lo necesite.

¿Crees que es necesario incluir a los padres en los programas de educación-afectivo sexual de sus hijos e hijas? ¿Consideras importante impartir Educación Sexual Integral desde la primera infancia? ¿Crees que la Educación Sexual Integral debe de incluirse en el currículo educativo? ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?

*grooming es un término anglo-sajón que se refiere al proceso en el que el abusador se va ganando la confianza de quien será su víctima, el proceso de preparación que ayudarán a que la víctima eventualmente se sienta corresponsable. Es un tema en sí mismo.

PD: El pasado mes de junio, dos colaboradoras de conSEXtido, Emma Pereira y Vanesa Romero, realizaron una ponencia titulada, “Educación sexual en la primera infancia”. Fue un evento organizado por el Parlamento Andino Universitario de la Universidad Mayor de San Marcos y estaba dirigido a estudiantes universitarios cursando la carrera de magisterio. Dicho evento ha sido la inspiración para este post.

Autora: Vanesa Romero Ballester (Psicóloga y Sexóloga).

Fuentes:

  1. Título: Soluciones en Sexualidad infantil y adolescente. Estrategias breves para mamás, papás, maestras, profesores, orientadores, psicólogas, psicoterapeutas. Autores: Fernando Álvarez Vázquez y María Elena Balsa Sabbagh. Editorial: PAX

Caer en la tentación del «ningufoneo» («phubbing»)

Intuyo que prácticamente todas las personas, por las razones que sea, lo han hecho alguna vez. El “phubbing” o “ningufoneo” se produce cuando, al estar presencialmente con una o varias personas, alguien mantiene contacto con otras personas virtualmente, lo cual ‒dependiendo del grado‒ puede ser muy molesto.

El mundo cambia y si queremos evitar el caos, hay que analizar qué aspectos hay que vigilar para poder sobrevivir a Internet y las nuevas tecnologías. La vida real tiene una serie reglas que contribuyen al orden y al equilibrio. En este sentido, hay personas que tienden a moverse en los extremos y crean reglas más estrictas. La vida virtual se sirve de una serie de reglas diferentes a las de la vida real. No obstante, los efectos de la vida virtual se hacen sentir en la vida real y el “phubbing” o “ningufoneo” es un claro ejemplo de ello.

Desde sus albores, el uso de Internet ha contado con una “etiqueta”, llamada “netetiqueta”, incluyendo cosas tales como evitar el uso exclusivo de mayúsculas, que suelen interpretarse como “gritos”, por dar un ejemplo. Asimismo, podemos decir que el ningufoneo es un claro ejemplo de falta de etiqueta en la utilización de Internet.

Durante el 2013, Melbourne McCann estuvo popularizando el término “phubbing”, que traducimos como “ningunfoneo”. Es un término acuñado por un grupo de lexicógrafos, poetas y autores asociados a la Universidad de Sidney para describir “el fenómeno de ignorar a las personas con las que nos encontramos para prestar atención a algún dispositivo electrónico”. Este dispositivo electrónico puede ser un teléfono móvil o una tableta, por lo general.

Tras acuñar la palabra, McCann creó un sitio web denominado “StopPhubbing.com”, una página en Facebook y se puso a trabajar para idear una estrategia de relaciones públicas para dirigir una campaña contra dicho fenómeno. Todo el proceso fue capturado en una película online llamada «A Word is Born», que narra la campaña y se puede encontrar en YouTube.

Lo más paradójico de toda esta historia es que el “phubbing” se convirtió en algo más visible debido a la editorial que estaba por publicar, en papel impreso, un nuevo diccionario, incluyendo este término. Lamentablemente, famosos diccionarios han ido desapareciendo en su formato de papel. Por ejemplo, el Oxford English Dictionary anunció en 2010 que no produciría una versión impresa de nuevas ediciones, mientras que el Macmillan Dictionary dejó de imprimirse en 2012.

Incluso, en los Estados Unidos, las campañas de marketing para diccionarios son poco frecuentes. Merriam-Webster, que publica el diccionario íntegro más grande del mundo, admite nuevas ediciones con comunicados de prensa, promociones en Merriam-Webster.com, y cualquier publicidad pagada suele ser «muy específica, con el objetivo de llegar a bibliotecarios, maestros, revisores de libros y profesionales del mundo editorial», según Meghan Lunghi, directora de marketing. El principal generador de ingresos para Merriam-Webster es el sitio web gratuito, que tiene anuncios e ingresos por suscripción de la oferta «premium» del Merriam-Webster.

Por otra parte, cabe mencionar que el “phubbing”, término diseñado por expertos, está formado a partir de las palabras inglesas “phone” y “snubbing”, que se refieren al acto de menospreciar a quien nos acompaña y prestar más atención al móvil u otros dispositivos electrónicos que a las personas con quienes nos encontramos físicamente. A pesar de que dicha conducta puede que nos parezca que no tiene tanta importancia, los investigadores sobre el tema señalan que el “ningufoneo” daña nuestras relaciones sociales y nuestro propio estado mental. Dos estudios recientes y distintos encontraron que cuando los cónyuges se ningufonean mutuamente son más proclives a experimentar depresión y un menor grado de satisfacción marital.

Esto nos lleva al fenómeno de la “nomofobia”, que es el miedo de estar sin tu dispositivo móvil o no poder usarlo, por cualquier razón, como puede ser quedarte sin batería, haberlo olvidado o quedarte sin crédito, por dar algunos ejemplos. Una fobia, por definición, generalmente es algo inconsciente.

Un nuevo estudio ha confirmado que la utilización de dispositivos móviles puede arruinar tu relación sentimental y llevarte a la depresión. “Estos bajos niveles de satisfacción en la relación sentimental, a su vez, conducen a bajos niveles de satisfacción vital y, en última instancia, a mayores niveles de depresión, tal como ha señalado uno de los estudios.

La investigación reciente indica cómo los dispositivos móviles están afectando nuestras relaciones interpersonales… Este estudio determina que el uso excesivo de los dispositivos móviles no sólo reduce tu satisfacción marital, sino que también contribuye a la aparición de síntomas depresivos.

Nos podemos preguntar si es conveniente compartir las claves de acceso de nuestros dispositivos móviles con nuestra pareja, y es ése un tema que trataremos en otro artículo.

De momento, la idea es dejarte con la reflexión acerca del grado en el que caes en el ningufoneo y el efecto que esta conducta puede estar teniendo en tus relaciones personales, especialmente las más cercanas e importantes.

¿Cuáles crees que son los efectos que puede tener el hecho de priorizar tu actividad virtual en detrimento de la atención que dedicas a las personas con las que te encuentras? ¿En qué medida crees que “ningufoneas”? ¿Cómo te sientes cuando estás con alguien que parece demasiado pendiente de su dispositivo móvil?

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

Referencias:

Bulut, S. and Nazir, T. (2020) Phubbing Phenomenon: A Wild Fire, Which Invades Our Social Communication and Life. Open Journal of Medical Psychology, 9, 1-6. https://doi.org/10.4236/ojmp.2020.91001

Nazir, T. (2020) Face to face communication, Non-verbal body language and phubbing: The intrusion in the process. Russian Journal of Education and Psychology, 11, 2. DOi: 10.12731/2658-4034-2020-2-22-31. https://rjep.ru

Nazir, T., & Bulut, S. (2019). Phubbing and What Could Be Its eterminants: A Dugout of Literature Psychology, 10, 819-829. https://doi.org/10.4236/psych.2019.106053