Elección de pareja 2.0: Heterosexualidad, bisexualidad…

En caso de que seas mujer heterosexual ¿Alguna vez te has planteado cómo sería tener relaciones sexuales con otra chica? ¿Y en caso de que seas hombre, el probarlo con un chico? Antes que nada y para contextualizar el porqué de este post, soy una mujer, hasta la fecha, heterosexual declarada. Recientemente, en una conversación con un amigo –él es gay– surgió el tema. Me refiero a la importancia de la elección de pareja y de las expectativas a la hora de relacionarnos con otra persona en el ámbito amoroso y sentimental.

En la charla con este amigo, él me comentaba que “al ser gay uno tiene que plantearse una serie de cuestiones que los heterosexuales no necesitamos contemplar, aunque muy probablemente deberíamos”. Entendí que se refería a si realmente nuestras necesidades y expectativas como mujeres –en cuanto a una relación de pareja se refiere– las puede cumplir un hombre. Esto es si tomamos en cuenta la diferencia entre ser un hombre o una mujer y, como tal, lo que se desea en una relación. ¿Qué sucedería si probáramos con una mujer?

Parece que la inmensa mayoría de chicos están “demasiado ocupados” con sus amigos y sus aficiones. Creo que no suelen querer pasar tanto tiempo junto a sus parejas que, curiosamente, es lo que las mujeres –por lo general– buscamos.

Entonces, me surgió la siguiente reflexión, la cual os animo a contemplar. Pensemos exactamente qué nos gusta de los hombres que las mujeres no tienen –más allá de los genitales–. ¿Acaso es el hecho de que ya están empoderados, tal como los pinta Disney?

Retomé esta charla con otras amigas y prácticamente todas estábamos de acuerdo en la dificultad de encontrar a un hombre que pareciera querer lo mismo que nosotras. Es decir, que pudieran satisfacer nuestras necesidades y expectativas sentimentales. Más de una admitió que con una mujer, la relación fluiría mucho mejor –desde la parte emocional a la sexual– porque al ser chicas nos conocemos y sabemos lo que nos va y lo que no. Simplemente, nos entendemos, fluimos y nos complementamos bien. Además, generalmente nosotras solemos ser “más intensas” que ellos. Si profundizamos aún más, llegamos a la conclusión de qué es lo que vemos en un hombre que no apreciamos en una mujer. Bien es cierto que un hombre, por un lado, puede darnos la sensación de seguridad. Con lo cual, me pregunto ¿en qué lugar deja esto a las mujeres? Puede que –por resonancia– sintamos que aparentemente nos atrae más el cuerpo masculino, o es simplemente una cuestión de gustos. Por lo tanto, ¿en qué medida estamos inconscientemente condicionadas por las expectativas de las películas románticas? Rotundamente sí, por vivir en este contexto todas y todos lo estamos. Aceptémoslo ¡Maldito patriarcado!

Me resulta curioso que aún a día de hoy haya personas que cuestionen que la mayor visibilidad social de la orientación bisexual se deba a “una especie de moda”. ¿No será que poco a poco –y gracias al auge del movimiento feminista– las mujeres y hombres nos sentimos cada vez más libres para amar más allá del modelo heterosexual? Abramos la mente, por favor.

De hecho, voy más allá. En un trabajo realizado en la Universidad de Essex, en Inglaterra, se llevó a cabo un estudio en relación a las distintas reacciones de un grupo de hombres y mujeres heterosexuales ante diversos estímulos sexuales. Este estudio constó de dos partes. En la primera, éste se centró en las respuestas genitales de los sujetos a través de autoinformes sobre el grado de masculinidad y feminidad que percibían en ellos mismos –a un nivel consciente–. Posteriormente, se focalizó la atención en la dilatación pupilar ante la presencia de estos estímulos visuales –inconscientemente–. Los resultados fueron reveladores: La respuesta sexual masculina se centró casi exclusivamente en los estímulos de origen femenino. Por contraposición, el 74% de las mujeres reaccionaron, tanto a estímulos femeninos, como a los masculinos. Por ende, pareciere que una gran parte de las mujeres serían bisexuales. ¿Qué te parece?

Evidentemente, por supuesto dependería de qué chica –del mismo modo que no todos los hombres nos atraen–. Ni todas las chicas son mujeres muy “femeninas”, ni todos los chicos son apuestos caballeros muy “varoniles”. En el Universo sexual existe una gran diversidad de personas y personalidades de todos tipos.

¡Atrevámonos a amar y a vivir nuestra sexualidad cómo y con quien nos dé la gana si así somos felices!

Autora: Vanesa Romero Ballester (Psicóloga y Sexóloga).

Créditos de la imagen; Maria Ciocnadi y Emedièfeme

Referencias:

Rieger, G., Savin-Williams, R. C., Chivers, M. L. & Bailey, J. M. (2016). Journal of Personality and Social Psychology, 111(2): 265-283

Homosexualidad en la Historia

Puede ser que las más jóvenes generaciones crean que las personas homosexuales nacieron con derechos, pero no siempre ha sido así. En este post queremos contar el devenir que ha llevado al punto actual en que no sólo las personas heterosexuales tienen derechos. ¡Cuántas personas gays han salido del armario desde entonces!

Aquí empezamos: En 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) quitó el diagnosis de “homosexualidad” de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales (DSM). Esto resultó de la comparación entre teorías que competían por explicar la homosexualidad, unas que la veían como algo patológico y otras que la veían como algo normal.

A través de la historia han existido numerosas teorías sobre la homosexualidad que pueden clasificarse en 3 tipos principales: patología, inmadurez y variación normal.

  1. Teorías de patología

Estas teorías consideran la homosexualidad adulta como una enfermedad y, consiguientemente, como algo que los profesionales de la salud mental deben tratar. Estas teorías mantenían que la homosexualidad era algo malo, tanto físicamente como moralmente, y fueron usadas como justificación para el internamiento de homosexuales en centros psiquiátricos, para la creación de terapias de conversión y, en general, para la discriminación.

  • Teorías de la inmadurez

Estas teorías, de carácter psicoanalítico en su mayoría, consideraban la expresión de conductas o sentimientos homosexuales durante la juventud como un paso normal en el desarrollo de la heterosexualidad adulta y, por tanto, aquellas personas que persistiesen siendo homosexuales en su adultez presentarían algún tipo de retraso en el desarrollo. Estas teorías consideraban la homosexualidad como algo benigno o, por lo menos, no tan malo como las anteriores.

  • Teorías de la variación normal

Estas teorías trataban la homosexualidad como una diferencia natural que afecta a una minoría de personas, como ser zurdo. Estas teorías consideran la homosexualidad como algo bueno o neutro y algo que no tiene cabida en los manuales diagnósticos.

Durante la mayor parte de la historia de Occidente, la opinión oficial sobre los significados de los comportamientos homosexuales eran principalmente área de las religiones, la mayoría de las cuales consideraban la homosexualidad como algo moralmente “malo”. Cuando, durante el siglo 19, el poder comenzó a transferirse de una autoridad religiosa a una secular, la homosexualidad, así como otros “pecados”, recibieron un mayor escrutinio por parte de la ley, la medicina, la psiquiatría, la sexología y el activismo por los derechos humanos. Finalmente, las categorías religiosas como “posesión demónica”, “ser un borracho”, y “sodomía” fueron transformadas en las categorías científicas de “locura/enfermedad mental”, “alcoholismo” y “homosexualidad”.

De este modo, la historia moderna de la homosexualidad comienza durante la mitad del siglo 19, principalmente con los tratados de Karl Heinrich Ulrichs, a quien se considera uno de los primeros defensores de los derechos gays. Estos tratados criticaban las leyes alemanas que criminalizaban las relaciones entre hombres. Karl hipotetizó que algunos hombres nacían con el espíritu de una mujer atrapado dentro de sus cuerpos, así como algunas mujeres nacían con el de un hombre, y que ambos constituían un tercer sexo.

En 1869, un periodista húngaro llamado Károli Mária Kertbeny, acuñó por primera vez los terminos “homosexual” y “homosexualidad” en un tratado político en contra de una ley de Prusia que criminalizaba el comportamiento homosexual entre hombres. Kertbeny presentó una teoría en la que consideraba la homosexualidad como innata e invariable, argumentos acordes a las teorías de la variación normal.

Richard von Krafft-Ebing, un psiquiatra alemán, presentó una de las primeras teorías de patología, en la que describía la homosexualidad como un desorden degenerativo. En su libro Psychopathia Sexualis de 1886, adoptaba la terminología de Kertbeny pero no su visión, describiendo los comportamientos homosexuales desde la óptica darwinista del siglo 19: los comportamientos sexuales que no estaban destinados a la procreación ‒incluida la masturbación‒ eran formas de psicopatología. Este autor fue muy influyente en la comunidad médica y científica, extendiendo tanto el término “homosexualidad” como su condición de patología, lo cual tuvo un impacto definitivo en los manuales psiquiátricos del siglo 20.

Freud concibió una nueva teoría en la que todas las personas nacen con tendencias bisexuales y que las personas adultas homosexuales simplemente tienen un retraso en su desarrollo psicosexual. Aún estando este retraso presente, Freud mantuvo que la homosexualidad no se podía considerar un vicio o una degradación, ni podía clasificarse como una enfermedad, y mantenía que cualquier intento de curarla sería fútil. Tras su muerte, algunos psicoanalistas de la siguiente generación volvieron a clasificar la homosexualidad como patológica y ofrecieron “curas” que habían eludido a su predecesor, volviendo ellos de este modo a la visión que tantos investigadores ‒incluidos muchos psicoanalistas‒ habían tratado de refutar.

Autor: Jorge Valero Sarmiento (Psicólogo)

Créditos de la imagen; Maria Ciocnadi y Emedièfeme

Mes del Orgullo en la Diversidad Sexual

Aunque lejos han quedado los tiempos en que no ser heterosexual equivalía a un crimen o un delito, según dónde, nos gusta celebrar el “Mes del Orgullo en la Diversidad Sexual”. Es algo que nos agrada porque además de que la diversidad suma, ésta contribuye a que podamos crear un “dream team”, combinando todo lo que cada persona aporta. Al final, nos quedamos con el arco iris como símbolo de esta diversidad. Su belleza radica en la mezcla de colores ‒con sus infinitas tonalidades‒ los cuales, combinados, forman los elementos universo del Universo, en el que hay espacio para todos los colores con sus infinitos tonos y matices.

En países como España nuestros derechos sexuales encuentran un cierto respeto y, por lo menos, la ley en teoría castiga la homofobia, por dar un ejemplo. No obstante, esto no significa que se hayan logrado todas las metas deseables para que en la realidad de la vida diaria se respeten dichos derechos sexuales. No es lo mismo vivir en una gran urbe que en un pueblo pequeño rodeado de gente conservadora y prejuiciosa. Esto sigue existiendo en muchos lugares del mundo y nuestra querida España no se salva por completo de esto.

Existen otros lugares en el mundo en el que la situación puede ser bastante más lamentable. A continuación, deseo compartir parte de una carta que me ha llegado hoy para sumarme a una causa social.

“Mi nombre es Melusi y soy de eSwatini, antes conocida como “Swazilandia”, un país litoral en el sur de África, que todavía tiene una ley anti-gay colonial y anticuada. Para luchar contra esta ley que convierte mi amor en algo ilegal, fundé un grupo activista llamado Minorías sexuales y de género eSwatini (ESGM). Sin embargo, cuando tratamos de registrar la organización, el Registrador de eSwatini rechazó la solicitud, argumentando que nuestro propósito es ilegal porque las relaciones entre personas del mismo sexo son ilegales en el país. Aun así, estamos luchando. Llevamos al Secretario a los tribunales y la audiencia está programada para el 24 de junio. Turkmenistán criminaliza las relaciones entre personas del mismo sexo, al igual que mi país. El 7 de mayo, un famoso artista y varios otros hombres fueron condenados a dos años de prisión solo por ser homosexuales.”

Por otra parte, tenemos que en 2018, el gobierno del Reino Unido se comprometió a erradicar las curas gay. Aunque, desde entonces, no han hecho nada. Después de que Alemania declarase ilegal la terapia de conversión, esta iniciativa está aumentando en el Reino Unido.

A día de hoy, podemos asegurar que en España están prohibidas este tipo de terapias y su incumplimiento puede implicar el ingreso en prisión. Hace poco conocimos algunos casos dentro de ámbitos cristianos en los que se pretendía “curar la homosexualidad” y la ley española ha dejado claro que se trata de un delito.

¿Consideras que todo aquello que no sea heterosexual es anormal y algo que debe curarse?

Autor: Dr. Xud Zubieta-Méndez

Tipos de Homofobia

En el marco social, uno de los grupos más discriminados, maltratados e insultados ha sido el colectivo LGTBIQ+. Desde sus inicios, este colectivo ha estado luchando por la igualdad en derechos y en oportunidades. No obstante, con el paso del tiempo y la evolución de las sociedades, no en todos los lugares se acepta la homosexualidad como una orientación sexual más. Generalmente se presentan pensamientos negativos y discriminatorios junto al concepto de homosexualidad.

Entonces, ¿cómo podemos identificar cuales son las acciones que nos hacen tener conductas homofóbicas? Podemos encontrar:

Homofobia según su medio de transmisión

Homofobia Cultural:

  • Se transmite de generación en generación por vía oral y/o imitación de conductas.
  • La mayor parte de las expresiones homofóbicas tiene que ver con esta categoría. No obstante, generalmente se presentan solapamientos entre tipos de homofobia, dando lugar a una homofobia propia y característica de cada persona.
  • Por ejemplo, asumir que las personas jóvenes homosexuales están confundidas acerca de su identidad sexual, o defender que los hombres homosexuales están incompletos por no encajar con el ideal de masculinidad.

Homofobia Institucional:

  • Es la homofobia relacionada con las normas formalizadas de organizaciones tanto públicas como privadas.
  • Por ejemplo, ciertas leyes que penalicen acciones asociadas a la homosexualidad, que mantienen a las personas homosexuales apartadas de sus derechos básicos, así como estatutos que justifican despidos por homosexualidad.
  • Colectivos religiosos (fenómeno mixto entre cultural e institucional).

Según su grado de expresión o no expresión

Homofobia Cognitiva:

  • Sistema de creencias que forman parte de un individuo y que muestran la homosexualidad como algo negativo. Nociones de “antinatural” y “degenerado”.
  • Fundamentación de estereotipos vinculados a la homosexualidad y, al mismo tiempo, al rechazo o incluso asco. A consecuencia de los pensamientos distorsionados sobre la homosexualidad, generalmente se buscan individuos, instituciones o colectivos que nos confirmen nuestras sospechas, las reafirmen y nos apoyen en ellas. Esto deriva en la homofobia que se transmitirá culturalmente a nuevas generaciones en forma de homofobia cultural.
  • Una muestra sería la predisposición al rechazo de los hijos cuando llegan a saber que éstos son homosexuales.

Homofobia Conductual:

  • Expresiones objetivas de homofobia por parte de individuos que no se escudan en ninguna norma para discriminar a personas homosexuales sólo por el hecho de serlo. Suelen ir respaldadas a nivel cognitivo por sociedades o colectivos influyentes en la sociedad, provocando así que la acción homofóbica se lleve a cabo por individuos susceptibles a este tipo de pensamientos.
  • Las formas que puede adoptar la homofobia conductual son prácticamente infinitas, tan variadas como la conducta humana.
  • Como ejemplos podemos mencionar las manifestaciones anti-derechos homosexuales, agresiones físicas por ser homosexual, exclusión de personas por creer que son homosexuales, el “bus de la homofobia” creado por facciones de ultra-derecha.

Homofobia afectiva o latente:

  • Viene dada a partir de los sentimientos de rechazo que aparecen cuando las personas saben que van a relacionarse con personas homosexuales.
  • El rechazo puede relacionarse con el contacto físico, con sentirse incómodo ante la presencia de personas homosexuales o con las muestras de afecto en público entre homosexuales.
  • Este tipo de homofobia afecta la visibilidad de la homosexualidad como algo natural. 

Después de saber con qué tipo de homofobia (o mezcla de éstas) podemos encontrarnos en la calle, o incluso podemos encontrarla en nuestra propia persona, por lo que debería remarcarse la importancia de la autocrítica.

El objetivo es llegar a tener una mentalidad más abierta a estas cuestiones y conseguir cuestionar si los comportamientos y/o las creencias que creíamos inocuas no son en realidad una base para la homofobia. Cuando no hacemos autocrítica, muchas acciones y actitudes que hemos ido asumiendo como normales desde el inicio de nuestra infancia probablemente pasarán desapercibidas. Tenderemos a ver cualquier cuestionamiento de éstas como una salida de tono o una manera ridícula de pensar. Y tú, ¿te ves capaz de darle una vuelta a tus distorsiones sobre el tema? ¿Consideras que es posible que alguien cambie sus sentimientos de homofobia?

Autora: Lucía Muñoz (Psicóloga y Sexóloga)

Referencias: