La pretendida transgresión del movimiento postporno

Es1989 en Nueva York. En el escenario del Teatro Harmony se encuentra una mujer con lencería de encaje recostada en un sillón con las piernas abiertas. Se introduce un espéculo dentro de su vagina e invita a los espectadores a observar con una linterna. “Asómense y verán que no tiene dientes”, decía riendo.

Hablamos del espectáculo “’Public cérvix announcement” de Annie Sprinkle, considerada la precursora del así denominado postporno. Proponía esta performance con la finalidad de parodiar los mitos y el secretismo que han rodeado a los genitales de las mujeres, animándolas de esta forma a explorar sus vaginas. Indignada con la industria del porno comercial ‒en la que había trabajado como actriz‒, pasó a dirigir sus propias creaciones audiovisuales y a organizar espectáculos en los que se desarrolla como artista y activista feminista.

¿En qué consiste el denominado “postporno”? Se trata de un movimiento artístico y político que busca reformular el mundo del porno. Lo hace transgrediendo los convencionalismos de la pornografía machista e intentando generar otro tipo de mirada hacia el sexo. Todo ello, sin renegar del estímulo sexual que producen los contenidos audiovisuales. Aquellas personas ignoradas por el porno convencional, toman las riendas y se graban expresando su sexualidad, transformándose en protagonistas con un guion que ellas mismas deciden. Los cuerpos que la industria del porno excluye o denigra se convierten en creadores y protagonistas. Las mujeres, las minorías sexuales, los cuerpos no-blancos o discapacitados, los transexuales, intersexuales y transgénero serían ejemplos de las personas que conforman este movimiento.

La industria del porno comercial presenta patrones sumamente estereotipados y repetitivos. Chicas jóvenes, exuberantes, cuidadosa y pulcramente depiladas. Acompañada generalmente de por lo menos un varón bien dotado ‒de quien solemos ver muy poco más allá de su espalda, brazos y genitales‒. Si bien es cierto que en las plataformas pornográficas podemos encontrar una gran variedad de géneros distintos, en la mayoría de los casos las prácticas sexuales que realizan son más o menos las mismas. Es decir, sexo oral por parte de ella, sexo anal y vaginal, y derivaciones del mismo, incluyendo dobles penetraciones como algo prácticamente habitual. Por el contrario, en las producciones del “movimiento postporno”, ocurren escenas distintas. En éstas, ya sea en directo ‒mediante performances‒ o a través de plataformas online, vemos cuerpos ‒que no suelen encajar en el estereotipo de belleza actual‒ llevando a cabo otro tipo de prácticas.

Un ejemplo de este movimiento lo podemos ver de la mano del artista trans Lazlo Pearlman, donde en una de sus más conocidas performances, desconcierta al público haciendo un striptease en el que termina mostrando su vulva. En la película “Fake Orgasm”, aparece tumbado sobre una cama completamente desnudo, mientras una serie de personas lo observan y le hacen preguntas sobre su cuerpo, identidad y su sexualidad. Pearlman utiliza su cuerpo como espejo para que el público sea consciente de sus prejuicios. Esta película explora la sexualidad a través de situaciones que rozan lo absurdo y analiza la dificultad de la sociedad para aceptar las propuestas ajenas al paradigma binario hombre-mujer.

Sin embargo, el postporno no sólo da visibilidad a aquellos cuerpos que desafían las normas de género o sexuales. Otro colectivo en el que se centra es el de las personas con diversidad funcional. Un ejemplo de esto lo vemos en el documental “Yes, we fuck!”, una producción que quiere abordar la sexualidad en personas con diversidades física, intelectual…, donde la gente participa, dialoga y, sobre todo, cuestiona temas vinculados al cuerpo y a la sexualidad. En este documental podemos ver ‒entre otros ejemplos‒ el relato de la primera experiencia con el BDSM de Oriol, un hombre con parálisis cerebral. O a Mertxe, una mujer ciega que asiste a un taller de orgasmos vaginales impartido por un chico trans.

Aunque puede parecer contradictorio, el objetivo del “movimiento postporno” no siempre es que el público se masturbe y tenga un orgasmo a fuerza de imágenes sexuales explícitas. No, más bien, es cuestionar y poner sobre la mesa el debate acerca del sistema heteronormativo y patriarcal en el que todos nos encontramos. Este movimiento busca acercarnos a la posibilidad de ver y de ser parte de contenidos provocativos, no sólo con fines masturbatorios, sino también y principalmente políticos.

El problema viene cuando nos preguntamos qué buscan generalmente las o los usuarios más asiduos del porno. Es improbable que se contenten con sesiones lúdicas sin masturbación o sin eyacular<

Cuéntanos, ¿habías escuchado hablar de este movimiento? ¿Qué opinas de estas performances tan controvertidas? ¡Te leemos!

Autora: Celeste Martínez Gavidia (Psicóloga)

Créditos de la imagen; Maria Ciocnadi y Emedièfeme

Referencias

Barros, G., Eksztain, M., Inda, N., Makintach, A., & Moscona, S. (2016). Postporno,¿ polisexualidad? Comentarios y reflexiones. Psicoanálisis, 38(1), 41-52.

Centeno, A.  & De la Morena, R. (2015). Yes, we fuck! [Vídeo]. Disponible en: https://vimeo.com/123177395

Melero, A. L. (2018). Procedimientos escénicos de deconstrucción de género. ACOTACIONES. Investigación y Creación Teatral, (41).

Romero Baamonde, M. (2019). Escena posporno. Desbordes disciplinarios en las prácticas artísticas pospornográficas.

Smiraglia, R. (2015). Sexualidades de (s) generadas: Algunos apuntes sobre el postporno. imagofagia, (6).

Vendetta, L. (19 de mayo, 2015). Donde las mujeres trans no están: su lenta inclusión en el porno feminista y queer. Recuperado de https://www.pikaramagazine.com/2015/05/donde-las-mujeres-trans-no-estan-su-lenta-inclusion-en-el-porno-feminista-y-queer/

Mitos sexuales y discapacidad

            Coexistimos con multitud de mitos acerca de todos los aspectos de nuestra vida ‒salud, alimentación, trabajo, género, economía…‒, muchos de los cuales condicionan enormemente y de forma negativa nuestro modo de pensar y actuar. A veces sin que seamos realmente conscientes de ello.

            La sexualidad no iba a ser menos al constituir uno de los temas con más cantidad de mitos y tabúes. De hecho, muchos de los problemas que se ven en terapia sexual y de pareja tienen algún que otro mito presente. Generalmente, el mito en cuestión origina y mantiene una conducta disfuncional que alimenta dicho problema, siendo entonces necesaria la reestructuración cognitiva de estas creencias.

            Sin embargo, si ahondamos todavía más en los mitos sobre la sexualidad, descubriremos que ‒por desgracia‒ donde más arraigados están es en diversas situaciones relacionas con la discapacidad física o psíquica.

Veamos algunos de los más habituales:

            1. “A las personas discapacitadas no les interesa el sexo, son asexuadas”; FALSO. El cuerpo de una persona con discapacidad física ‒por ejemplo, personas con miembros amputados‒, personas con discapacidad intelectual ‒como pueden ser algunos casos asociados al Trastorno del Espectro Autista o TEA‒ responde a la necesidad sexual igual que lo hace el de una persona neurotípica. Esto se debe a una condición de vida inherente al ser humano. Al igual que las personas neurotípicas, estas personas también tienen intereses, deseos, necesidades de vínculos afectivo-sexuales y de sentirse atractivos y deseados por otras personas.

            2. “No se puede realizar educación sexual con la mayoría de personas con discapacidad física o psíquica”: FALSO. Es, de hecho, más necesaria todavía una educación sexual adecuada para personas con discapacidad ‒sobre todo en casos de discapacidad intelectual y algunos asociados al TEA), ya que, a pesar de sus posibles limitaciones, pueden asimilarla y aplicarla perfectamente a su vida cotidiana. Es así que pueden tener una experiencia sexual de calidad. El error más común está en reducir la educación sexual a la prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual o ETS y de embarazos no planificados, olvidando con frecuencia a las personas no normo-típicas.

            3. “Las personas con discapacidad no son atractivas y, por lo tanto, no pueden proporcionar placer”: FALSO. Que muchas personas con discapacidad no encajen en los cánones de belleza que nuestra sociedad impone constantemente, no quiere decir que no puedan resultar atractivas para nadie. Este proceso no depende solamente del aspecto físico. Ni tampoco así la capacidad de dar y recibir placer. Este tipo de mito está más extendido en personas con rasgos físicos concretos como, por ejemplo, el síndrome de Down, en personas con prótesis en alguno o varios de sus miembros, individuos con labio leporino, síndrome de Prader-Willi…

            4. “Las personas con discapacidad no son capaces de controlar su sexualidad y representan un peligro para el resto”: FALSO. Evidentemente, al ser seres sexuados como cualquier persona, sienten sus impulsos sexuales de igual manera. Si no se les ayuda a conocerlos, comprenderlos y controlarlos, no pueden saber distinguir entre expresiones de afecto y prácticas sexuales, ni tampoco cuáles se pueden dar en público y cuáles deben ocurrir en privado. Esto es especialmente importante en personas con discapacidad intelectual.

            Por supuesto, en nuestra cultura existen muchas más mitos y creencias erróneas acerca de la sexualidad. Todas ellas crean con frecuencia una barrera demasiado grande para ser ignorada por los profesionales que pueden ayudar a reducirla, como son psicólogos, sexólogos, maestros de educación especial, sanitarios… Esta labor es muy importante ya que, como seres humanos, todos necesitamos y tenemos derecho a sentir y disfrutar sin trabas nuestra sexualidad.

Autora: Alba Muñoz Fernández (Psicóloga y Sexóloga)

Créditos de la imagen; María Ciocnadi y Emedièfeme

¿Quién quiere ser virgen?

Se entiende por “virginidad” el “hecho de no haber mantenido relaciones sexuales nunca”, entendiéndose por “relaciones sexuales” el “haber practicado el coito o la penetración”.

Esta idea, muy asentada en la sociedad, ha sido uno de los mitos más perniciosos para la humanidad y, en concreto, para las mujeres. Ellas han tenido que velar siempre por su virginidad, como si de un tesoro se tratase. Además, teniendo que estar siempre muy seguras de a quién se lo entregaban, como si fuese algo prestado que tuvieran que cuidar… que, lejos de ser una bendición, se convertía en una pesada mochila. La virginidad ha sido motivo de disputas, de guerras, de violencia e incluso de negocios. Sin embargo, para los hombres la virginidad era un lastre, una vergüenza que ocultar. Y, claro, no era un regalo que dar, sino una terrible prueba de falta de hombría y de orgullo de la que deshacerse cuanto antes. Ellos conquistaban templos, y ellas eran las guardianas del “tesoro de la virginidad”.

Aunque en materia de sexualidad se ha avanzado mucho, sobre todo a partir de los años 70 ‒donde se oía aquello de “la virginidad es una enfermedad, ¡vacúnate!”‒, en los últimos años, no hemos hecho otra cosa sino retroceder. Hemos ido hacia atrás, volviendo a unos ideales sexuales carentes de una justificación lógica. No obstante, se trata de hechos que simplemente están ahí, como por ejemplo el que en esta última década hayan aumentado las reconstrucciones de himen.

Puede que encontremos sentido si pensamos en subculturas que aún presionan a las mujeres para llegar vírgenes al matrimonio, pero se estima que un 20% de las pacientes lo hace sin motivo o presión externa aparente.

Aunque cada una tiene sus motivos, que 2 de cada 10 mujeres decidan someterse a una operación para reconstruir una zona de su cuerpo que no tiene ninguna función biológicamente hablando, debe llevarnos a pensar qué está ocurriendo exactamente en una sociedad supuestamente tan avanzada.

Es que, si se piensa detenidamente, nuestra sociedad tiene cada vez un cariz más infantil hacia las mujeres y hacia la sexualidad de éstas. En un mundo donde las mujeres tienen –o deberían tener– una percepción y derechos propios en la sexualidad, se sigue buscando que controlen sus impulsos sexuales. Todavía se les presiona para que sigan siendo las guardianas del templo y, puesto que es muy difícil decir que no a la tentación, ya está la cirugía para solucionarlo.

Sin lugar a duda, la virginidad, más que nada, es un concepto inventado, que necesita ser cuestionado y desmontado. Es importante mostrar que no es un término inocente, sino que más allá de eso, contiene creencias erróneas, juicios morales de valor, prejuicios y malentendidos. Éstos afectan de manera negativa a todos los individuos de la sociedad, pero en especial a las mujeres, quienes son, además, las responsables de una membrana que supuestamente tiene el poder de decidir sobre el valor de una mujer.

Así mismo, el himen ni si quiera es un testigo fiable. Recordemos que es una membrana que en cada mujer es distinta, que puede romperse con mayor o menor facilidad. Por ejemplo, hay mujeres que han nacido sin himen o que se les ha roto practicando deporte, o que incluso no se ha roto después de mantener relaciones sexuales, por lo tanto, es una medida nada fiable para un constructo inútil.

Siempre nos han enseñado que la primera vez tiene que doler, que se sangra, pero eso no debe ser así. Para empezar, la primera vez que mantengamos relaciones sexuales no tienen por qué incluir penetración, y por supuesto no tienen por qué doler. La clave es encontrarse en un estado de relajación, confianza y eliminando el falso mito de que todo tiene que ser perfecto y, sobre todo, siendo conocedores o conocedoras de nuestro cuerpo. Además, se ha visto que en la niñez hay comportamientos dentro del propio juego que acaban con la exploración sexual, tanto propia como de sus iguales. Por lo tanto, ¿eso sería “la primera vez”? Quizá, deberíamos entender que no hay una primera vez y que la sexualidad nos acompaña desde el primer minuto de nuestra vida. Que todo es un continuo que forma parte de nosotros y nosotras.

Y si acaso hablásemos de la primera vez que vamos a mantener relaciones sexuales, hablaríamos de sentirnos a gusto con la otra u otras personas con las que vaya a ocurrir. Hablaríamos de eliminar tensiones y creencias ilógicas implantadas por la sociedad, pensando en el aquí y ahora del disfrute. Es esto exactamente cómo deben ocurrir, no la primera, sino todas las relaciones sexuales que mantengas a lo largo de tu vida.

¿Estás de acuerdo con esto? ¿Recuerdas tu primera experiencia sexual? ¿Lo pasaste mal? ¿Cuáles eran tus expectativas? ¿Se cumplieron? ¿Qué se te pasaba por la cabeza? ¿Te dolió? ¿Sangraste? ¿Te harías una vaginoplastia (cirugía del himen)? ¿Qué opinas de que al hombre no se le presione para mantenerse casto antes del matrimonio?

Autora: Emma Pereira Pérez (Psicóloga y Sexóloga)

Los inicios en la masturbación

Que algunos pacientes varones cuentan que sus inicios en la masturbación ocurrieron al principio de su adolescencia o incluso en la pre-adolescencia no tiene nada de particular. Lo que ocurre es que un porcentaje alto de hombres españoles cuentan que además esto sucedió en una situación grupal, con otros varones coetáneos y mirando una película pornográfica. Seguro que habrá muchos otros varones cuyos inicios en la masturbación hayan sido distintos.

Cuando lo relatan en consulta, muchas veces ocurre en presencia de su pareja femenina, quien casi siempre le mira llena de sorpresa. A menudo, tras la sorpresa, le pregunta si es verdad lo que acaba de contar. Y es que los inicios masturbatorios en la mujer suelen ser muy diferentes.

Las actitudes hacia el sexo suelen determinarse de distinta manera para hombres y mujeres. Éstas se manifiestan desde el inicio de la actividad sexual. Lamentablemente, seguimos encontrando bastantes mujeres que sufren las secuelas de la represión y autocensuran su propia sexualidad. Debido a ello, no han aprovechado demasiado la práctica de la masturbación.

Existen datos que reflejan la fuerte resistencia que experimentan muchas mujeres no sólo a masturbarse, sino también a tocar sus genitales. Siglos de represión para ellas y el estigma del disfrute en la mujer han conseguido que a ésta ni siquiera se le ocurre, mucho menos que le apetezca.

Independientemente de si se es hombre o mujer, es necesario contar con una actitud abierta hacia las experiencias sensoriales y sensuales, los placeres del cuerpo. Es necesario conocer este ámbito de la experiencia y resulta muy sano practicar la masturbación como forma de autoconocimiento sexual. Nunca es tarde para empezar.

Puesto que resulta muy útil, en terapia sexual se alienta a los pacientes, hombres o mujeres, a conocer sus propios genitales con lujo de detalle. Si tienen pareja, los de ésta también. Es muy difícil potenciar el placer si, en primer lugar, la propia persona tiene un conocimiento limitado de sí misma. La masturbación además es una forma de conocer el ciclo propio de respuesta sexual, con todas las sensaciones placenteras que eso conlleva.

Merece la pena recordar a los jóvenes, que la masturbación debe realizarse tranquilamente, con calma y sin prisas… así se pueden evitar posibles problemas de eyaculación precoz, por ejemplo. A las chicas las alentamos a que exploren todo su potencial erótico, y a ambos, que disfruten del proceso. El aprendizaje sexual que ofrece la masturbación es una estupenda inversión para el desarrollo psicosexual de las personas.

 

 

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Sexo para uno

Betty Dodson, durante una época, fue conocida como “la primera masturbadora de América”. Se trata de una activista del feminismo y, más concretamente, una defensora de la liberación sexual de la mujer.

Sabemos que ya en 1973 comenzó a organizar talleres con el objetivo de que la mujer aprendiera a valorar la belleza de sus genitales. En éstos enseñaba a explorar la variada experiencia del orgasmo, al ejercitar su destreza masturbadora.

“Sexo para uno” es la versión castellana de su obra clásica, “Liberating masturbation”, que la catapultó a la notoriedad estadounidense. También publicó “Self love” −Amor propio− en los 80 y se convirtió en un clásico feminista. En 1992, Dodson obtuvo un doctorado en sexología y, como resultado de su trabajo, ha publicado varios libros en torno a la masturbación. La sexóloga en muchas ocasiones ha sido insultada, vituperada y el objeto de diversos improperios.

En su best seller, “Sexo para uno”, el mensaje de la autora es inequívoco: “La responsabilidad por la satisfacción sexual están en las manos de cada persona”. Esto le ha valido la etiqueta de “primera masturbadora pública de América”. Es una incansable defensora de las prácticas masturbatorias y lleva décadas reivindicando su importancia. Considera que existen muchísimas personas que están muy “verdes” con respecto a la masturbación. Principalmente porque, según ella, en nuestra cultura la masturbación no tiene un valor social o personal. Y nos pregunta “incluso hoy día, ¿a cuántas personas les produce vergüenza hablar abiertamente sobre sus propias prácticas masturbatorias?”.

Afincada en Nueva York, en su afán por promover la masturbación como una práctica sana y saludable, tal y como cuenta en sus libros, ha organizado innumerables talleres de masturbación. Inicialmente, los talleres sólo estaban dirigidos únicamente a mujeres, pero la popularidad que cobraron la llevaron a realizar talleres mixtos. Quizás lo que más resalta del trabajo de esta sexóloga, es la habilidad para enseñar a sus alumnos a sentirse a gusto consigo mismos y con su sexualidad. Algunas anécdotas relatadas en su libro desprenden un gran sentido del humor, mucha perseverancia y creatividad. Sin duda, la doctora Dodson es una mujer bastante excéntrica.

Una de sus propuestas que más la caracterizan es, “Organizar un movimiento sexual positivo con millones de activistas que se unan conmigo en barricadas contra la ignorancia sexual. Si eres un amigo o amiga del sexo a quien le gustaría expresarlo, empieza hoy mismo disfrutando de sesiones de amor propio sin ningún tipo de culpa ni necesidad de pedir perdón por ello. Hazlo público contando a algunas de tus amistades cuáles son tus técnicas para masturbarte y describe tus mejores orgasmos. Finalmente, compartir la masturbación con otra persona te convierte en activista del renacimiento erótico del siglo XXI”.

¿Te atreves a unirte a esta iniciativa?

 

 

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Menstruación bajo control

Tras varias décadas en las que se ha estado empleando la píldora anticonceptiva, unos laboratorios estadounidenses decidieron sacar al mercado una píldora “anti-menstruación”. La idea es comercializarla en todo el mundo.

Hasta hace poco tiempo, la píldora anticonceptiva estaba diseñada para ser tomada durante 21 días, seguida por un período de descanso de 7 días. En esos días de descanso, la mujer tiene una “mini-menstruación”, lo que da la impresión de que se cumple regularmente su ciclo menstrual.

Existe otra píldora, “Lybrel”, que se toma a diario de manera ininterrumpida mientras se desee evitar el embarazo. En este caso no hay ovulación ni tampoco menstruación. El laboratorio que la comercializa ha indicado que los efectos secundarios de esta píldora son muy similares a los de la anterior. Casi desde la creación de la píldora original hubiera sido posible comercializar una píldora similar a esta otra. Sin embargo, no se hizo debido a la idea de que la menstruación puede desaparecer por completo no inspiraba y no inspira demasiada confianza entre las mujeres.

En cualquier caso, algo debe haber cambiado para que decidieran sacar ésta al mercado. Hay quien sigue pensando que la supresión de la menstruación es irresponsable y antinatural. Pero quienes están a favor, afirman que se trata de la eterna lucha para que la mujer cuente con más opciones y tenga más control sobre su cuerpo. El argumento es que se trata de una solución moderna para un problema moderno. Además, parece ser que esta píldora podría beneficiar especialmente a aquellas mujeres que sufren síndrome premenstrual, anemia por falta de hierro o endometriosis.

Los expertos en este tema explican que la eliminación de la menstruación no supone ningún inconveniente en la salud de la mujer.

Hay quien considera que es el experimento no controlado más grande de la historia de la ciencia médica, lo cual para otras personas es una exageración. Quienes están a favor afirman que se trata de la perenne lucha para que la mujer cuente con más opciones y tenga más control.

¿Cuál es tu opinión sobre la posibilidad de eliminar la menstruación?

 

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El problema de querer llegar virgen al matrimonio

Uno de los mitos más perniciosos de la sociedad es el que subraya la necesidad de que la mujer se mantenga virgen hasta el matrimonio. La virginidad de la mujer ha estado provista de un misterio sin igual. Ha sido la causa de mitos y leyendas. Asimismo, ha producido un sinfín de víctimas y atrocidades en la historia de la humanidad.

¡Cuánto peso ha tenido en nuestra cultura la pretensión de que la mujer llegara virgen al matrimonio, llueva, truene o relampaguee! Conscientes de que vivimos al final de la segunda década del siglo XXI, nos abruma descubrir que todavía puede ser un tema de interés. En los años 70 se oía aquello de “la virginidad es una enfermedad, ¡vacúnate!”.

Por otra parte, desde el 2006 se oferta cirugía reconstructiva del himen.  Por lo visto, las usuarias de la cirugía son mujeres que sienten —que se ven presionadas— para establecer un matrimonio basado en este condicionamiento ancestral. Parece mentira que todavía haya gente que le dé tanta importancia y esté pendiente de dicha membrana. Es otra forma más que se usa para controlar a la mujer. Y se sigue consiguiendo con algunas que, desde nuestra perspectiva, sobredimensionan la importancia de llegar vírgenes al matrimonio. Desde una perspectiva sexológica nos parece innecesario y hasta un error.

Sin lugar a dudas, la virginidad es sobre todo un concepto. Resulta necesario que a estas alturas de la historia se revise en su totalidad. Es un concepto tan cargado de ideas y creencias erróneas, juicios morales de valor, prejuicios y malentendidos, que todo lo que comentemos al respecto se quedará corto.

Por otro lado, si partimos de la base de que para muchas personas la virginidad equivale a un himen intacto: ¡hecha la ley, hecha la trampa! Un humen intacto en muchos casos es algo más teórico que práctico. Recordemos que hay mujeres que, según tal concepto, nunca han sido vírgenes. La razón de ello es que han nacido sin himen, o con un himen incipiente o muy amplio. Es decir, un himen muy delgado o muy abierto, casi imperceptible.

Cada vez nos llegan más testimonios de mujeres que no han sangrado su primera vez. Si la mujer está relajada y asocia la penetración con algo positivo; si su cuerpo está preparado por un adecuado preámbulo afectivo-sexual, seguramente habrá una buena lubricación y la dilatación vaginal necesaria. Entonces se puede dar el caso de que la mujer no sangre o sangre muy poco por la penetración.

No queremos terminar sin decir que muchas veces ideas como la de llegar virgen al matrimonio son las que consiguen lo contrario y “con premio”. El creer que es posible ignorar la pasión que en ocasiones se puede producir en una pareja normal y corriente. Si una persona se está reprimiendo, es más probable que en cierto momento sea incapaz de detener la pasión porque no lleva un preservativo o porque se quiere llegar virgen o casto al matrimonio.

Para quienes deseen participar en un debate, aquí las dejamos: ¿Si eres mujer, ¿sangraste en tu primer coito? ¿Tu himen era perceptible? ¿Te harías una vaginoplastia −cirugía del himen−? ¿Qué opinas de que no se presione al hombre para mantenerse casto antes del matrimonio?

 

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